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“Todo lo que uno escribe configura una autobiografía”
Dal Masseto: «No quise inventar nada en estos tres libros sino que todo fuera alimentado por lo real. Eso hace que una nueva historia pueda aparecer por el lugar más inesperado, o no vuelva más».
Periodista: ¿Cómo ve la situación de la Generación de los años 60, a la cual usted pertenece?
Antonio Dal Masetto: Se dispersó, y no sé si existió como generación. En los 60 hubo un brote de euforia cultural sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, y en capitales de algunas provincias. En la Capital Federal mucha gente de alrededor de 20 años lanzaba su primer libro de cuentos, su primera novela o una revistita, y eran todos provincianos, y sobre todo de la provincia de Buenos Aires, Osvaldo Soriano, Abelardo Castillo, Ricardo Piglia, Manuel Puig, Miguel Briante, Jorge di Paola, Germán García, entre muchos otros. Esa fue una característica interesante. Yo venía de Salto, también en la provincia de Buenos Aires. No sé si ese conjunto de escritores alcanzó a constituirse en una generación o si a alguien se le ocurrió denominarla así. Creo que se hizo un tipo de literatura que era muy diferente a la anterior, probablemente por el tipo de lecturas que se habían hecho. Se había leído a estadounidenses, no sólo a Hemingway y Faulkner sino también a Henry Miller y a la Beat Generation, a Kerouac. A los italianos, a Pavese, a Pasolini, a Moravia. A los franceses, a Camus, a Sartre. Eso nos marcó. Y luego se dispersó, cada uno buscó encontrar su lugar, construir una obra. A algunos se los lee, se los sigue leyendo, y a otros creo que se los volverá a leer.
P.: En su caso, ¿cómo fue ese encuentro con sus temas?
A.D.M.: He escrito sobre muchos temas. Creo que, esto es muy personal, todo lo que uno escribe finalmente configura una larga y abigarrada autobiografía. En cada libro uno pone un pedacito de sí mismo. En el caso del ciclo que inicié con «Oscuramente fuerte es la vida», el tema fue la inmigración. En otros libros la mirada del mundo provinciano a través de la hipocresía de los pueblos chicos. En otros libros, la gran ciudad, o circunstancias y padecimientos que hemos vivido.
P.: Uno de los temas que lo destaca es la forma en que trabajó el de la inmigración en la saga formada por «Oscuramente fuerte es la vida», «La tierra incomparable», a la que ahora agrega «Cita en el Lago Maggiore».
A.D.M.: Ese tema lo tomé como lo sentí, y lo que pasa es que eso lo viví. Vine al país a los 12 años, por tanto no intenté hacer literatura sino reflejar algo que me había ocurrido sin pensar si correspondía o no. Yo había escrito varias novelas y cuentos, y pensé que me gustaría rendirle un homenaje, a través de un personaje, a la gente que vino en barco a la Argentina. Y el personaje así que tenía más cerca era mi madre. Le pedí que me contara su vida. La de una mujer que nació en Italia en 1911 y emigró en 1950. Quería saber cómo era antes de venir. Sobre cómo llegaron y vivieron acá los inmigrantes hay mucha literatura, testimonios, documentos. Ver eso a través de una vida me pareció algo que no se había hecho, y así surgió «Oscuramente fuerte es la vida».
P.: Que no cumple con eso de que en sus textos se cuela su autobiografía.
A.D.M.: No es autobiográfico para nada, pero si estoy hablando de mi madre, estoy hablando de mí. A través de ese libro yo aprendí quiénes eran mis viejos, algo que por lo común uno no sabe, o sabe desde el momento en que comenzó a tener conciencia y recuerdos, y eso mezclado con nuestra forma de ver. El asunto era la vida de ellos hacía atrás, cuando eran chicos. Y que, además, vivían en un pueblo de Europa en el convulsionado siglo de las dos guerras mundiales, el fascismo, el comunismo, las luchas obreras, las luchas partisanas, las hambrunas, las persecuciones ideológicas y raciales.
P.: ¿Pensó que iba a ser una saga?
A.D.M.: No tenía la menor idea de que iba a tener continuidad pero a los cinco años surgió «La tierra incomparable», que es el regreso de la anciana, de Ágata, a su pueblito natal. Y si bien mi madre sigue siendo el personaje, hay mucho de autobiográfico en
el sentido de que ese viaje que cuento lo hice yo. Cuando subí al avión, me instalé en un asiento, me dije: ahora yo soy Ágata, tengo que empezar a mirar el mundo con los ojos de una mujer de 80 años que vuelve a su tierra, que nunca viajó en avión. El viaje de regresó también para mí era nuevo. Todo lo que Ágata ve en el novela lo estaba mirando yo, buscando trasladarlo a una persona de otro género, que me llevaba muchos años, con otra formación, otra cultura. Todo parecía terminado allí, pero 15 años después la historia vuelve a golpearme la puerta, y así es que ahora sale «Cita en Lago Maggiore».
P.: Donde ya no está Ágata, sino que cuenta de cómo el hijo de Ágata viaja con su hija a ver el pueblo de sus ancestros.
A.D.M.: Era la única forma de volver a esa historia que había dado por cerrada. Ahí hay de nuevo un elemento autobiográfico. Hice ese viaje con mi hija, cumpliendo la promesa que aparece en el libro de ir juntos a que conozca la tierra de su abuela. Para ella era visitar un lugar mítico, el pueblo desde donde empezó todo en la novela familiar. Para el padre es volver a ese pueblo, pero ahora como guía. En realidad a ser guiado, porque comienza a ver una realidad que no había sabido mirar a través de los descubrimientos de su hija. En esa recuperación del pasado, de cosas perdidas, surge con densidad la relación padre-hija, que es algo que se muestra realmente cuando uno se pueden alejar de los lugares habituales. Cuando están aislados, solos, comienzan a aparecer las revelaciones, las confesiones, las verdades, las cosas que no se han dicho, que no se animaron a preguntar. Se crea un nuevo vínculo enriquecedor, el pueblo mítico se convierte en un vínculo humano.
P.: ¿Considera que la saga concluye en este tercer libro?
A.D.M.: Creo que sí, pero me vale tener en cuenta que los tres libros fueron impulsados por la realidad. En el primero fue rescatar y dar forma a una vida que simboliza muchas otras. El segundo, la ilusión del regreso, que es un sueño de los que han emigrado. El último, la transferencia de la tradición familiar. Ahora, para que se me impusiera continuar la historia se me tendría que presentar un hecho nuevo, inédito, que surja de la realidad, no de la invención. No quise inventar nada en estos libros sino que todo fuera alimentado por lo real. Eso hace que una nueva historia pueda aparecer por el lugar más inesperado, o no vuelva más.
P.: ¿No cree que un lector no italiano puede ver el pueblo de Tarni como un lugar de leyenda, una invención suya?
A.D.M.: Es Intra, y si le cambié el nombre fue porque en la historia de Ágata aparecían personas que estaban vivas y no quería crear problemas. Así surgió Tarni, y así quedó. Y visto desde mi argentinidad, Tarni es una especie de isla, «la patria», pero no la patria como Italia sino la de la infancia, ese lugar luminoso donde uno cree que ha sido feliz. Cuando vine a los 12 años empecé una vida nueva, eso hizo que para mí, como para muchos otros, ese lugar del pasado quedara recortado como una isla remota de donde se partió alguna vez. Por otra parte, si esta saga se viene reeditando desde los años 90 es porque en algo toca a los lectores, acá todos somos hijos de inmigrantes. Y si resultó obvio que los libros tuvieran ecos en italianos y descendientes de italianos, también pasó con gente de otras colectividades. Un hijo de españoles me dijo que si bien le ocurre a una italiana, a su mamá le pasó lo mismo.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
A.D.M.: Trabajo en una novela corta de la cual lo único seguro es el título, «Imitación de la fábula». Está bastante avanzada. Son dos personajes que transitan por el sur, por la Patagonia, y van apareciendo cosas reales y otras irreales relacionadas con una realidad posible, que existe y está disfrazada. Así estaría agregando uno más a los cerca de 20 libros que llevo publicados. De esos, «Siempre es difícil volver a casa» y «Hay unos tipos abajo», con temas de los años 70, fueron llevados al cine. «Siempre es difícil volver a casa», que acá fue un fracaso, hay un precontrato con una productora francesa que quiere filmarlo el año que viene en Estados Unidos. Les gustó el tema de unos tipos que asaltan un banco y la reacción de pueblo de calma provinciana que frente a un estímulo externo libera toda su ferocidad. Es una especie de «Fuenteovejuna» al revés. Es uno de mis libros que tiene mas traducciones. Tuve propuestas para llevar al cine la saga de Ágata, pero no se dio porque es muy costosa, se tiene que reconstruir la época y la mayor parte pasa en Italia, y no se logró una coproducción.
Entrevista de Máximo Soto

