3 de noviembre 2010 - 00:00

Todorov alerta sobre los mesianismos del siglo XXI

El prestigioso lingüista y filósofo búlgaro-francés Tzvetan Todorov está dando disertaciones en Buenos Aires.
El prestigioso lingüista y filósofo búlgaro-francés Tzvetan Todorov está dando disertaciones en Buenos Aires.
Ayer el lingüista y filósofo Tzvetan Todorov, de visita en la Argentina, dio una conferencia sobre «Barbarie, civilización, culturas». Mañana, nuevamente en la Fundación OSDE (Leandro N. Alem 1067),hablará sobre «Totalitarismo y ultraliberalismo» a las 18.

En su libro más reciente «La experiencia totalitaria», que aún no llegó a nuestro país, el ensayista búlgaro-francés, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, sostiene que «el comunismo heredó en el siglo XX la actitud mesiánica del colonialismo», al que agregó la fuerza de un marcado caracter de tipo religioso. «El comunismo se presenta como una ideología que promete un destino mejor en la tierra, el final del sufrimiento, y aunque sepamos que esa promesa no se va a materializar, tenía algo de seductor, sobre todo para la gente que vive en la miseria». Pareciera que luego de la caída del Muro de Berlín, las democracia occidentales han buscado ocupar el vacío totalitario y países que lo rechazan «no están a salvo de la contaminación y esto se puede ver en las invasiones mesiánicas en nombre de las ideas ultraliberales o en la extensión de la xenofobia y el miedo del inmigrante».

En el conjunto de ensayos de «La experiencia totalitaria», escritos entre 1990 y 2010, Todorov rindió tributo a algunos de sus maestros y denunció los peligros que entraña la creencia en la justicia universal o la imposición oficial de una memoria histórica. Entre sus maestros están Raymond Aron, Roman Jakobson, Mijail Bjatin, Primo Levi y Germaine Tillion, la francesa que luchó en la resistencia, fue deportada a un campo de concentración, sobrevivió y, más tarde, denunció tanto las atrocidades de la guerra de Argelia como el Gulag soviético.

En un ensayo, Todorov noveliza el cinismo de Stalin siguiendo los diarios del comunista búlgaro Dimitrov, y en otro cuenta la épica historia de cómo los judíos búlgaros se salvaron en la Segunda Guerra Mundial. «Aunque soy historiador», sostiene, «comparto con los novelistas la afición al relato, y con los filósofos la búsqueda de la sabiduría». El autor de «El miedo a los bárbaros, más allá del choque de civilizaciones» ha explicado que «hizo falta que cayera el Muro de Berlín para que la experiencia totalitaria pasara de mi campo personal a mi ocupación profesional, hasta ese momento temía por mis padres y mi hermano, que es un brillante físico, dado que la policía política búlgara perseguía toda manifestación de oposición con absoluto celo. Llegaron a asesinar al disidente búlgaro Georgi Markov, al que conocí antes de que intentara emigrar a Londres, con un paraguas envenenado. Si me dedicaba a denunciar la dictadura comunista, inevitablemente le crearía problemas a mi familia. Sin duda no faltan ejemplos en la historia en los que los imperativos políticos anulan este tipo de consideraciones personales, pero esta opción no se ajusta a mi personalidad. Además de estas cuestiones pragmáticas, creo entrever obstáculos menos evidentes. Fue preciso que el comunismo se derrumbara para que pudiera verlo como un todo del que ya no formara parte y empezara a analizarlo. Mientras vivía la experiencia, me resultaba imposible escribirla».

M.S.

Dejá tu comentario