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Todos los frentes

Mi médico me "recomendó no ver el partido con Boquita, y la familia en pleno se reunió y me condenó al destierro futbolístico.
¿Cómo abstraerse de ese partido? Era más fácil distraerse en la final del Mundial contra Alemania.
Mi mujer sacó entradas para el teatro, en la primera fila, a la misma hora del partido. Apenas me senté, una mujer detrás mío dice "penal para Boca". Cristina le explica y suplica que no haga comentarios porque yo estaba allí por prescripción médica y la señora amablemente se disculpa. Al rato agrega en voz baja: "No lo molesto más. Pero le aviso que lo atajó Barovero".
Así viví la alegría más grande de los últimos años. Yo, que estuve aquella noche de 2004 en el Monumental, tenía la revancha tantas veces soñada.
Así llegamos al partido con Banfield, ebrios de fútbol y otra vez con pibes.
River es un plantel corto. De mitad de cancha hacia delante no tienen los suplentes la misma jerarquía de los titulares, ni cerca.
Racing ya ganaba tranquilo en Rosario cuando Bertolo hizo un golazo y puso en ventaja al Taladro casi sobre la finalización del primer tiempo.
Este River no puede llegar, es muy blandito arriba, fijate que sólo Teo inquieta un poco, pero no tiene compañía.
¡Además, Martínez es más zurdo que Pinino Mas!
La posibilidad de pelear hasta el final se iba diluyendo hasta que "Napoleón" Gallardo -como lo bautizó Atilio Costa Febre- movió la estantería y mandó a la cancha a Motoneta Sánchez y Cavegol.
¡Motoneta, te juega los dos partidos y te corre el sábado la maratón de Tres Arroyos!
A los siete minutos, Barovero le sacó del buche a Salcedo el 2 a 0, y en la réplica empató Cavegol con un derechazo junto al palo.
-¡Gooolll! ¡gooolll! 100, 100 veces Fernandito!!!!
Tres minutos después, un golazo de Motoneta Sánchez, jugador que emociona.
-¡Gooolll! ¡Vamosss Riverrr que a Racing lo vamos a hacer sufrir hasta el final!
Apenas nos volvimos a acomodar, vino el minuto fatídico. Estúpida expulsión del Malevo Ferreira, que no logra plasmar una buena actuación nunca, y penal tonto de Solari que Salcedo convierte en empate.
¡Justo cuando necesitamos tranquilidad, Ferreira hace un foul boludo y Solari la completa con otra boludez! ¡¿Un concurso de boludos es esto?!
Pero el pibe Solari se reivindicó, e hizo una de esas gambetas como el Negro Ortiz, pero sobre la derecha que terminó en penal, y Cavegol sin despeinarse puso el 3 a 2.
Trapito tuvo dos salvadas más decisivas y River terminó aguantando con eso que nos sobra a nosotros y les falta a los primos, amor propio, determinación.
No sé si vamos a salir campeones. Lo merecíamos porque punteamos todo el torneo y se nos complicó el almanaque y un Racing que tiene más culo que cabeza. Pero lo que había que ganar se ganó. Se terminó la historia, a la mierda las estadísticas, el pasado, la chapa y todo ese folclore.
Podrán escribir River con B toda su vida, que nosotros le vamos a recordar el gol de Pisculichi.
¡River se no se muere nunca! ¡Seguimos en la pelea en los dos frentes!


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