9 de noviembre 2016 - 00:57

“Todos tenemos fantasmas que pertenecen a nuestra vida”

• EL ESCRITOR FRANCÉS IVAN JABLONKA HABLA DE LA PREMIADA "HISTORIA DE LOS ABUELOS QUE NO TUVE"
Para elaborar su último libro, el escritor e historiador francés tuvo que realizar una investigación en varios países de Europa a la Argentina, pasando por EE.UU. Y lo que empezó como una búsqueda de sus raíces se convirtió en una búsqueda de relacionar historia y literatura.

Jablonka. “Cuando se es escritor la cuestión es cómo decir cosas verdaderas acerca del mundo”.
Jablonka. “Cuando se es escritor la cuestión es cómo decir cosas verdaderas acerca del mundo”.
El nazismo, el estalinismo, la guerra, la destrucción del judaísmo europeo, Auschwitz, dejaron al historiador Ivan Jablonka sin una parte de su pasado familiar. Su libro "Historia de los Abuelos que no tuve", que publicó Libros del Zorzal, es el producto de la investigación que realizó en Francia, Polonia, Argentina, Israel y Estados Unidos para recuperar esa historia perdida. Obra inclasificable, que participa de la "novela de no ficción" desde una perspectiva de algún modo autobiográfica, ha sido desde su lanzamiento en Francia aclamado por la crítica, recibiendo numerosas distinciones. Jablonka es doctor en Historia, profesor de la Universidad Paris XIII y autor de una docena de premiadas obras. En el mismo momento en que Jablonka visitaba Buenos Aires invitado por el Centro Franco Argentino y por el Instituto Francés, conquistaba en París el Premio Medici por su libro "Laetitia ou la fin des hommes". Dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué lo lanzó al tremendo trabajo dar con los abuelos que no tuvo?

Ivan Jablonka: Desde el punto de vista técnico y archivístico fue el libro más difícil para mí porque todos los protagonistas de mi búsqueda estaban muertos. Los archivos con datos estaban en seis países, en tres continentes, en siete idiomas. Tuve que asociar al trabajo un equipo de colegas y traductores del idish, hebreo, polaco, francés, alemán, inglés y español. Este tipo de libro no se encara porque lo demanda un programa de investigación, responde a una necesidad existencial. Cuando me lancé a trabajar en el proyecto pensé como historiador que la Academia y mis colegas no me lo iban a perdonar. Qué es lo más importante, me pregunté, mi carrera o la necesidad de saber. La respuesta fue la "Historia de los abuelos que no tuve", este libro.

P.: Unió en su obra historia y novela, al punto de que luego escribió el ensayo "La Historia es una literatura contemporánea", que acaba de ser publicado en español.

I.J.: Inicialmente tenía la inquietud de conocer mis raíces, saber de dónde venía. Poder decirles a mis hijas de dónde vienen. Tal vez hacerle un regalo a mi padre. Después de ese trabajo apareció una elaboración más técnica, la relación entre historia y literatura. Con "Historia de los abuelos que no tuve" tal vez quise hacer un objeto híbrido, inclasificable, como un ovni. Un libro al que es difícil ponerle una etiqueta. Se puede decir que es de literatura, que es de ciencias humanas, una biografía, y acaso una autobiografía, una encuesta criminal, una investigación periodística. Siento el placer de no darle una identidad a mi libro.

P.: Pero a la vez remite a las "novelas de no ficción", a la "novela testimonial".

I.J.:
Tengo una relación evidente con las obras de Emmanuel Carrére, Javier Cercas, Truman Capote, esa relación es la "literatura de lo real". Cuando se es escritor la cuestión es cómo decir cosas verdaderas acerca del mundo. La mayor parte de quienes contestaron a esta pregunta lo hicieron como periodistas. Capote, Norman Mailer, Talese, Carrére. Muchos son periodistas que usan la literatura para analizar la sociedad. Ellos vienen del periodismo y yo de las Ciencias Humanas y nos encontramos en lo que yo llamo el "tercer continente". El primer continente es la ficción, el segundo las Ciencias Humanas, el tercero una literatura que dice cosas verdaderas acerca del mundo a través de la investigación.

P.: ¿Esos tres continentes están unidos por la historia de la Shoá, del Holocausto?

I.V.:
Mi libro no es especialmente sobre la Shoá. Es una historia de amor entre dos jóvenes, la de dos judíos entre Hitler y Stalin, el relato de un exilio de Polonia hacia Francia y hacia la Argentina, o también la historia de una familia judía a través del siglo XX. Es por eso que quise disociar a mis abuelos de Auschwitz, su muerte en la Shoá es el límite, pero no un destino. Trata de la identidad, de la propia tradición, y no se necesita haber tenido abuelos en Auschwitz para querer saber de dónde se viene. Todos tenemos familiares ausentes, fantasmas, gente que está muerta pero forma parte de nuestra vida. Todos pueden hacer un libro sobre sus abuelos, sobre su familia. Mi libro no trata de la desgracia de los judíos en el siglo XX, sino sobre las diferentes identidades que tenemos todos. Es una reflexión sobre el modo en que la vida y la muerte están unidas. En mi libro no están de un lado los muertos en un cementerio y del otro los que están vivos hoy, sino sobre cómo nuestros fantasmas pertenecen a nuestra vida.

P.: ¿Es lo conmovedor de su libro lo que le ha hecho ganar tantos premios?

I.V.:
Es difícil decir por qué un libro funciona. Creo que mi libro ha tocado a un público amplio por diversas razones. Cuenta la historia de los judíos en Europa y en Sudamérica. Habla de nuestros desaparecidos. Y es una obra inclasificable. Es una demostración de que se puede hacer una investigación en ciencias humanas que cautive y emocione.

P.: En "Leticia o el fin de los hombres", su libro más reciente, trata el tema del femicidio.

I.V.:
Es una biografía que busca que la víctima, una muchacha de 18 años que fue secuestrada, apuñalada, mutilada y estrangulada, no sólo cuente por su muerte sino también por su vida. Quise hacer el retrato de Leticia, pero sobre todo de nuestra sociedad. Lo que importó de ese hecho fue el funcionamiento de las instituciones de la democracia: el Ejecutivo, la Justicia y los medios. Tres factores importantes en el caso Leticia, que es otra grieta de nuestra democracia, habla de la vulnerabilidad de los chicos y la violencia padecida por las mujeres. Leticia en sus 18 años atravesó todo el espectro de las violencias masculinas. Su vida no es anecdótica, es un hecho social total. En la Argentina, por lo que he podido ver, la actualidad es trágica en este tema.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

I.V.:
Un librito sobre mi infancia, porque en el libro sobre Leticia escribí: Leticia soy yo. No se trata de repetir la frase de Flaubert, sino porque muy temprano en la infancia fui enfrentado a la muerte y la violencia, lo que nos lleva nuevamente al libro sobre mis abuelos.

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