Toreo de la Vincha, único en Sudamérica

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Cada 15 de agosto, la localidad jujeña de Casabindo es escenario de una peculiar unión entre lo religioso y lo pagano: se conmemora la Asunción de la Virgen María y se ofrenda a la Pachamama. Pero ese día, jujeños y turistas son testigos de un espectáculo único en la Argentina y en Sudamérica.

Se trata del Toreo de la Vincha, en el que la meta es arrebatar de las astas del toro una cinta con monedas de plata que son ofrendadas a la Virgen.

Su origen se debe a que un 15 de agosto, Tabarta, indígena del lugar, castigado por luchar por la libertad, fue puesto en el medio de la plaza entre dos toros bravíos. A los costados de Tabarta, el pueblo que gritaba por él. Los toros no hicieron nada. Enojadas, las autoridades del lugar le quitaron a Tabarta una vincha que llevaba puesta. Esa vincha, que tenía quintos de plata del Perú, era un regalo de su padre.

Cuando se la quitaron, se la pusieron a uno de los toros. Tabarta enfurecido intentó recuperarla y sacarla de las astas. Recibió dos cornadas, una de ellas, mortal. Arrastrándose hasta el pie de la Virgen, murió ofreciéndole la vincha y pidiendo libertad.

Como entonces

Hoy en día, los toreros arriesgan su vida como lo hizo Tabarta.

La fiesta comienza desde muy temprano, con el arribo desde poblaciones vecinas de las procesiones con imágenes de santos (misachicos).

Los festejos se inician con los samilantes y su danza (una de las cuatro danzas colectivas del folclore argentino); las cuarteadoras (varios pares de mujeres llevando media res de cordero seccionada a lo largo, tomadas de las patas) que disputan su parte del animal hasta cortarlo o quitárselo a la contrincante, y tres niños, de los cuales dos hacen de caballo y uno de toro: los primeros simulan perseguir al otro.

El sacerdote oficia la misa a capilla llena, se hace la procesión incensando las imágenes. Hay comidas regionales, y no tanto, en los distintos puestos que rodean la plaza y a la siesta comienza la corrida de toros, cuyo nombre es, precisamente, Toreo de la Vincha.

Vincha en las astas

El toro sale al ruedo con una vincha en las astas, y el torero debe quitársela, para luego ofrendarla a la Virgen. Los toros se exacerban con la capa del torero, los gritos del público y los estruendos de las bombas.

Muchas veces los improvisados valientes caen al suelo por los nervios y son atropellados por los animales (por lo general sin riesgos mayores), otras veces huyen asustados provocando la risa de los espectadores.

Los toreros son o bien lugareños (algunos de ellos con la experiencia que da torear todos los 15 de agosto), u ocasionales espectadores con sobrecarga de adrenalina.

Finalizadas las disputas (alrededor de diez) se dan los premios y menciones a los toreros triunfadores. De a poco los vehículos de los viajeros comienzan a moverse.

El espectáculo del toreo dura hasta antes de la caída del sol; entonces la imagen de Nuestra Señora es llevada a su lugar original y el viento y los cerros volverán a adueñarse de la localidad hasta el próximo 15 de agosto.

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