19 de marzo 2013 - 00:00

Tras la asunción, emprende un rápido regreso

Sin pausa, apenas finalice la ceremonia de iniciación de Francisco, Cristina de Kirchner emprenderá el regreso hacia Buenos Aires, previa escala en Marruecos, donde dejó en custodia el Tango 01 para evitar una emboscada de los fondos buitre.

Conforme con la audiencia privada con el Pontífice, que el Gobierno consideró un guiño, la Presidente y parte de su comitiva planea estar de regreso en Olivos en la madrugada del martes y hasta programó agenda para jueves y viernes de esta semana.

Cristina tradujo como un gesto que Bergoglio, con quien el kirchnerismo tuvo ásperas y múltiples tensiones, le haya dedicado más de una hora al encuentro mano a mano, con trato cordial, gestos públicos considerados y la agenda que pretendía la Presidente.

Consiguió, en rigor, poner sobre la mesa una cuestión capital para el Gobierno, la causa Malvinas, que la Casa Rosada pretendió convertir en una cruzada nacional en 2011 pero no tuvo éxito. A su modo, vía Francisco, el kirchnerismo le impone status papal al conflicto.

La audiencia y el tono amable del encuentro -más allá del protocolo y la diplomacia- pueden leerse como un tiro de gracia a los sectores K que eligieron a Bergoglio como enemigo cuando, en palabras de Aníbal Fernández, el obispo que tenía ese nombre ahora es el papa Francisco. La difusión, con delay, de los reproches de Horacio González en una reunión de Carta Abierta son un eco -posiblemente uno de los últimos- del antagonismo a que se enfrentó el kirchenrismo apenas trascendió la entronización de Bergoglio en el Vaticano.

"Si impuso el criterio razonable, la postura de los moderados, algo que no es común en el kirchnerismo", leyó un operador K que se mostró, desde el comienzo, a favor de empatizar con el clima positivo -y chauvinista- que rodeó la sorpresiva la designación de Bergolgio.

No habrá, decían anoche en Casa Rosada, órdenes explícitas de la Presidente para frenar las críticas que sonaron en los últimos días porque, en todo caso, Cristina ya habló a través de sus acciones: viajó a Italia, se vio con Bergoglio y hoy estará en su iniciación.

Las palabras desde Roma de Julián Dominguez, jefe de los Diputados -quien le regaló a Cristina la estatua de la Vírgen María que está en el despacho presidencial- certifican la tesis de un giro voluntarioso, sobre todo a partir de la cuestión Malvinas. En Buenos Aires, la logística del show para seguir la trasmisión en Plaza de Mayo lo aportó la Curia con colaboración de la jefatura de Gobierno porteño porque no hubo, según se dijo anoche desde el Gobierno, ningún pedido desde el arzobis pado.

Sectores K, en tanto, decidieron ir un paso más allá: así como hubo afiches en los paredones porteños reflejando la idea de un papa "peronista" y varios dirigentes, de Emilio Pérsico, a Gabriel Mariotto y Guillermo Moreno celebraron la entronización. Fue un enfoque claramente distinto al que se expresó en el bloque de diputados del FpV, donde tuvo que hacer malabares Domínguez, o con el comportamiento de los legisladores porteños K que encabezados por Juan Cabandié decidieron no participar de un homenaje a Bergoglio.

Hoy, con tono festivo, un sector de Unidos y Organizados, la megaagrupación K festejará la asunción de Francisco en un parroquia de José León Suárez, donde también estará presente el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, que el domingo hizo una recorrida por villas de su distrito junto al padre Pepe. Aún inorgánico, es una conducta que, en otro contexto, hubiese sido pasible de castigo. Al menos durante la estadía vaticana de Cristina, eso no parece ser la tendencia. Después, ya en Buenos Aires, se verá.

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