23 de febrero 2009 - 00:00

Traumada, oposición italiana aumenta enojo con Berlusconi

Roma - Tiene 50 años, viene de las filas de la vieja Democracia Cristiana y es católico declarado, aunque con matices. En el caso, por ejemplo, de Eluana Englaro, la mujer que llevaba 17 años en coma, estuvo a favor de que se respetara el deseo de su padre de que le fuera retirada la alimentación artificial. Con ustedes, Dario Franceschini, elegido el sábado nuevo líder del centroizquierda italiano después de que el martes pasado Walter Veltroni presentara su dimisión. El hombre que tendrá sobre sus hombros la responsabilidad de presentar oposición a Silvio Berlusconi.
«Me describieron como un débil, como un aficionado, como un don nadie», reconocía el propio Franceschini, citando algunos de los reproches más frecuentes que se le hacen. Sin embargo, la asamblea del Partido Demócrata lo eligió el sábado por abrumadora mayoría como nuevo secretario general de esa formación. Franceschini, que hasta ahora había sido el número dos del Partido Demócrata (PD), se impuso con el voto de 1.047 delegados, frente a los sólo 92 que logró Arturo Parisi, el otro único candidato.
Es verdad que fue una batalla en tono menor, dado que ninguno de los pesos pesados del PD dio un paso al frente para ofrecerse a llevar las riendas de la afligida formación. Al fin y al cabo, y a pesar de que tendrá plenos poderes, el secretario general lo será sólo de manera provisional, hasta el congreso del partido que se celebrará en octubre. Además, ser líder del Partido Demócrata no parece en estos momentos ninguna golosina: la formación opositora se encuentra hundida en mínimos históricos de popularidad, con sólo el 22% de italianos dispuestos a votarla, una cifra que sigue bajando.
Elecciones
Asimismo, a la vuelta de la esquina aguardan los comicios europeos y las elecciones municipales en Florencia y Bolonia, donde es posible que el centroizquierda sufra un nuevo descalabro. Y, por si fuera poco, están las perpetuas luchas internas, en gran medida responsables de que el martes Veltroni optara por tirar la toalla. «No puedo ocultar que nos hallamos en crisis», admitía Franceschini en el discurso de presentación de su candidatura. «Pero no habrá crisis que nos pueda hacer renunciar a la idea de un futuro común», destacaba, dejando claro que no contempla la posibilidad de una vuelta atrás a los tiempos de los democristianos de La Margarita y de los poscomunistas de Demócratas de Izquierda, las dos formaciones que hace 16 meses se disolvieron para unificarse en el PD.
Y a los que lo consideran demasiado flojo como para plantar cara al Cavaliere, Franceschini hizo el sába-do una demostración de fuerza, al menos oratoria. «Berlusconi tiene en mente, y estoy midiendo mis palabras, una forma moderna de autoritarismo. No quiere gobernar el país, quiere convertirse en dueño de Italia. Vive como
un fastidio el Parlamento, vive como un fastidio el papel del presidente de garante del sistema, llega al cinismo de atacar la Constitución en torno al lecho de una muchacha moribunda. Llega al cinismo
de utilizar el miedo de los ciudadanos, de los ancianos, para legalizar las rondas, para aprobar unas normas sobre inmigración que violan los más elementales derechos del hombre y que nos avergüenzan en otros países»
, subrayaba el nuevo secretario general del PD. Una clara muestra de que Franceschini no piensa continuar con la política de guante blanco de Veltroni.

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