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Tres expresidentes de Perú quedaron a un paso de prisión por corrupción
ACUSADO. Alejandro Toledo, quien se enfrentó al régimen de Alberto Fujimori en momentos de represión y en 2001 llegó a la presidencia, se convirtió en el primer exgobernante implicado directamente en el escándalo de sobornos de Odebrecht, un caso que embarra a tres gobiernos en Perú.
La confesión llevó a la Fiscalía a ordenar el fin de semana pasado el registro de la mansión que Toledo compró en Lima al poco de dejar el Gobierno y al cierre de esta edición se esperaba que se emita un pedido de busca y captura en su contra.
Toledo, que se encuentra en París y quien tiene previsto viajar a EE.UU. para reincorporarse a su trabajo como investigador en la Universidad de Stanford, negó por activa y pasiva el haber recibido sobornos y acusó a sus "enemigos" de impulsar esta acusación para vengarse por haber defendido la recuperación democrática del país.
Aún se desconoce si Toledo regresará a Perú para afrontar los cargos que todos los analistas y expertos penales coinciden se presentarán contra el expresidente, o si se defenderá desde el exterior, lo que en Perú se vería como una asunción de culpabilidad.
El siguiente presidente con mayores problemas con la justicia es Humala, quien ya está siendo investigado formalmente por el presunto delito de lavado de activos en agravio del Estado. Sobre Humala y su mujer, Nadine Heredia, pesan sendos impedimentos legales que los obligan a contar con una autorización judicial expresa para ausentarse de su lugar de residencia, cambiar de domicilio o salir del país.
La acusación sobre ellos es la de haber recibido fondos del expresidente de Venezuela Hugo Chávez y de las empresas brasileñas Odebrecht y OAS para financiar las campañas electorales de 2006 y 2011 del Partido Nacionalista que presidían.
A García, quien fue el que más duramente cargó públicamente contra "las ratas" y los "fariseos" acusados de recibir coimas de Odebrecht desde su cuenta de Twitter, la trama le está salpicando a través de varios de sus inmediatos colaboradores.
De hecho, los primeros detenidos en el país a causa de las confesiones fue el que fuera su viceministro de Comunicaciones, Jorge Cuba, y Edwin Luyo, a uno de los responsables de la licitación de la Línea 1 del Metro de Lima, adjudicada a Odebrecht en 2009.
Cuba fue detenido la semana pasada nada más regresar a Perú desde EE.UU., donde se encontraba desde que se hizo público que la Fiscalía peruana y Odebrecht habían llegado a un acuerdo para obtener confesiones en casos de soborno. Ambos detenidos, según sus abogados, están considerando acogerse a la figura de "colaborador eficaz", que les reduciría la pena a cambio de confesar el delito y brindar información sobre otros implicados.
En una medida preventiva, el Partido Aprista Peruano de García expulsó de sus filas esta semana a Enrique Cornejo, el ministro jefe directo de Cuba e inició una campaña de desprestigio en su contra.
García, al igual que Toledo, se encuentra fuera del Perú, tal y como hizo al culminar su primer gobierno en 1990, período en el que le llovieron acusaciones de corrupción de distinta índole y no ha dado señales de que vaya a regresar al país en un futuro próximo.
Odebrecht admitió haber pagado 29 millones de dólares en sobornos a funcionarios peruanos entre 2005 y 2014. La compañía brasileña acordó con la Fiscalía de Perú pagar 30 millones de soles (unos 9 millones de dólares) como un adelanto de la devolución de las ganancias ilícitas obtenidas con los sobornos, además de entre toda información o documentación que le sea requerida por este caso por las autoridades peruanas.
| Agencia EFE |


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