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Tres “Muñecas bravas” y un estupendo cantor
Geraldine Trenza Cobre, Gaby «La voz sensual del tango», y Patricia Malanca, las «Muñecas Bravas», de un espectáculo en el que también se luce especialmente el cantor Esteban Riera.
La Ciudad de Buenos Aires, fuera de toda planificación oficial y como si hubiera un pacto no escrito de sostenerla como a una de las grandes capitales culturales del mundo, sigue aumentando su oferta desde el sector privado más allá de los vaivenes de la economía. Y así como constantemente se inauguran nuevos espacios, refutando abiertamente a quienes se quejan sin argumentos por la falta de ellos, se reabren otros que tienen una larga tradición en la noche porteña.
Tal es el caso del Café Homero, ubicado en la calle Cabrera que existía cuando Palermo no era Hollywood ni Soho, y por el que pasaron figuras como Osvaldo Tarantino, Néstor Marconi, Adriana Varela, Héctor Stamponi, José Colangelo, Horacio Ferrer, Horacio Salgán, Ubaldo De Lio, Nacha Guevara o el Polaco Goyeneche, entre muchos otros.
Desde su reciente reapertura, viene proponiendo menúes artísticos variados. Este fin de semana fue una propuesta que saldrá luego por el interior, ideada por un productor que suele moverse con regularidad en esos terrenos. Se trata de la reunión de tres mujeres bellas y jóvenes -las «Muñecas Bravas» del título-, el estupendo y también muy joven cantor Esteban Riera, dos sólidos músicos acompañantes, un comentarista de box reconvertido en actor de stand-up nostálgico y un humorista legendario que, sin ser músico ni cantante, es el más tanguero de todos.
Las chicas son Gaby, quien sobresale claramente por sobre sus compañeras, con un repertorio de temas más o menos nuevos, Patricia Malanca y la heterodoxa Geraldine Trenza Cobre, que investiga en una renovación rítmica del tango. Con temas como «Dandy», «Mi bandoneón y yo» o «Qué me van a hablar de amor», Riera se sigue afirmando como una de las grandes voces de la actualidad. El periodista/monologuista es Osvaldo Príncipi que sabe sacar todo el personaje que tiene adentro y jugar con solvencia su lugar en la escena. Y el humorista con historia es Calígula que con su más de 80 años sigue sosteniendo la chispa, la gracia, el repentismo para el relato y el tiempo del espectáculo, riéndose hasta de sus propios chistes antiguos.
Desde el próximo fin de semana, el Café Homero tendrá al bandoneonista Julio Pane como su figura central.
R.S.


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