8 de octubre 2009 - 00:00

Turismo barato en Grecia (y España)

Nia Vardalos (la autora y protagonista de «Mi gran casamiento griego») y Richard Dreyfuss en un aparte de autoayuda romántica de la fallida «Mi vida en Grecia».
Nia Vardalos (la autora y protagonista de «Mi gran casamiento griego») y Richard Dreyfuss en un aparte de autoayuda romántica de la fallida «Mi vida en Grecia».
«Mi vida en Grecia» (My Life in Ruins, EE.UU.,-España, 2009, habl. en inglés). Dir.: D. Petrie. Guión: M. Reiss. Int.: N. Vardalos, R. Dreyfuss, A. Georgoulis, A. McGowan, H. Williams, R. Dratch.

Esta película bien podría llamarse cómo intentar repetir a como dé lugar un éxito de taquilla inesperado (léase «Mi gran casamiento griego», que costó 5 millones de dólares y recaudó arriba de 350 en todo el mundo), y que te salga el tiro por la culata. Igual, parece que los productores Tom Hanks y Rita Wilson no gastaron mucho en ésta tampoco, ya que en la web es posible toparse con internautas españoles asombrados de descubrir bellos parajes de Alicante en lo que se suponen paisajes griegos, por ejemplo. «¡Cómo pueden ser tan cutres!» se alarma una de esas internautas. Una respuesta posible podría ser que a lo mejor esos escenarios forman parte del aporte de los coproductores españoles del film.

Pero ése es el menor de los problemas de «Mi vida en ruinas» (en la Argentina «Mi vida en Grecia»), una comedia escrita sin mucho gasto de imaginación por Mike Reiss (pese a que entre sus créditos figuran los Simpsons y The Critic, entre otras gracias) y dirigida sin gasto de energía por Donald Petrie (que entre otras cosas hizo la simpática comedia «Cómo perder a un hombre en 10 días»).

Por el contrario, Nia Vardalos, la actriz que escribió y protagonizó con destacable naturalidad «Mi gran casamiento griego», no le escatima sobreactuación a la neurasténica guía turística que le tocó esta vez. Neurastenia justificada, debe decirse, teniendo en cuenta todo lo que le viene pasando ya desde antes de tener que sacar a pastorear por Grecia al peor rebaño de prototipos de turistas-descerebrados-compradores de souvenirs. Cada uno de ellos cumple a rajatabla su estereotipo de burdo diseño, luciendo su pintoresca ropita y animando sus correspondientes gags, sin causar mucha risa que digamos, desafortunadamente.

Para el condimento romántico están los no menos estereotipados personajes de Richard Dreyfuss (un viudo norteamericano) y, fundamentalmente, Alexis Georgoulis (el chofer griego del micro que lleva y trae al grupo de turistas). Este último le mejora el ánimo a la guía protagónica, cuando el espectador que se veía venir el happy end desde el principio, ya hace mucho que está pensando en otra cosa.

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