6 de septiembre 2010 - 00:00

Tyner, a la altura del mito

McCoy Tyner: un estilo y una calidad que se mantienen a lo largo de las décadas.
McCoy Tyner: un estilo y una calidad que se mantienen a lo largo de las décadas.
Actuación de McCoy Tyner (piano). Con Eric Kamau-Gravatt (batería) y Gerald Cannon (contrabajo). Invitado: Gary Bartz (saxos). Soporte: Paula Shocron (piano) y Pablo Puntoriero (saxos). (Teatro Gran Rex; 2 de setiembre).

Si coincidiéramos con esa opinión que dice que a ciertos artistas, cuando han llegado a la condición de leyendas, no deben contársele más sus costillas, pondríamos a McCoy Tyner en la lista de los intocables. Es que este músico septuagenario, ex integrante de uno de los mejores cuartetos de John Coltrane en los años 60, virtuoso improvisador y pianista de base potente, ha dejado ya -y de sobra- una marca indeleble en el mundo del jazz.

Pero ese criterio benevolente con los próceres del arte sería por otro lado injusto con lo que es -con lo que sigue siendo- este músico que ha vuelto a visitar nuestro país. Quizá, su mano izquierda no tenga la potencia de otros tiempos. Sostiene sólo parcialmente esa potencia y el estilo en su modo de armonizar y acompañar -el mismo que le valiera alguna vez el escarnio del incisivo Miles Davis-, y ahora es su «derecha» la que más sobresale.

Pero el trabajo de la sección grave del teclado se ve perfectamente reforzada por la brillante tarea de su compañero, el contrabajista Gerald Cannon, en una base que se completa de manera también notable por otro veterano, el baterista Eric Kamau-Gravatt. Con toda la espalda que le da su trayectoria, Tyner se planta en el lugar de jazzero clásico. El eje de su su recital está en cinco piezas de su cosecha: «Fly with the Wind», «Walk Spirit Talk Spirit», la emotiva «Ballad for Aisha», «Suddenly» y «Blues on the Corner».

Presenta los temas respetando también un formato tradicional: una exposición -en general precedida por una introducción pianística- que comparten o alternan las teclas y el invitado Gary Bartz, una sección central con mucho lugar para las improvisaciones de todos -donde queda también en evidencia el talento del saxofonista- y una reexposición. No hay sorpresas de lenguaje ni de títulos; pero sí un swing que se mantiene a lo largo de todo el concierto. Promediando el recital llega, claro, el pequeño recuerdo-homenaje para Coltrane, aunque curiosamente, para la ocasión elige «Moments Notice», una pieza que el genial saxofonista grabó cuando el pianista de su grupo no era Tyner sino su colega Kenny Drew. Y el público festeja una interpretación que estuvo entre lo más alto de la noche.

Lo mismo que el único bis, el «standard» «I Should Care» -que popularizó Frank Sinatra- que el músico interpretó en un solo de piano memorable. Antes de su concierto, Paula Shocron y Pablo Puntoriero hicieron, con la dignidad del caso, parte de su reciente y atrevido disco «El enigma».

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