UIA, aliada del Gobierno contra la Sociedad Rural

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La tormenta impidió que Federico Nicholson, uno de los vicepresidentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) y alto ejecutivo del grupo Ledesma compartiera el escenario del quincho de la Quinta de Olivos con la presidente Cristina de Kirchner. El dirigente, una figura clave en la COPAL (la cámara que reúne a las empresas agroindustriales) iba a explicar los mecanismos del Plan Alimentario, pero la lluvia y el granizo provocaron la suspensión hasta mañana de la ceremonia.

La presencia de Nicholson como orador, que podía parecer casi una formalidad, es parte de la ofensiva del Gobierno para tratar de poner una baza en el movimiento empresarial tras el virulento discurso del sábado pronunciado por el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati.

Que uno de los hombres de la UIA, COPAL y Ledesma se muestre como co-autor de un plan cuyo objetivo principal es responder la afirmación de La Rural respecto de una supuesta falta de alimentos no es poco; de hecho, estaba previsto que otros cuatro miembros del Comité Ejecutivo de la UIA participaran de la ceremonia: eran Juan Carlos Sacco (gráficos), Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), Luis Betnaza (Techint) y Alberto Álvarez Saavedra (CILFA). Sus presencias habrían marcado un fuerte contraste con lo que pasó el sábado en la Pista Central de la Rural: allí ni un solo miembro de la UIA se dejó ver. De hecho, el celo de los dirigentes de la UIA fue tal que varios de los convocados se enteraron de la suspensión del acto a las puertas de la residencia presidencial: al llegar al portón que da sobre la calle Villate, la guardia les informó que la ceremonia había pasado para el miércoles.

¿Por qué este repentino acercamiento de la UIA al Gobierno? Podría pensarse que la central fabril tiene varias cuestiones en juego de manera simultánea, y que quiere ver resueltas antes de las próximas elecciones presidenciales. Veamos:

  • La entrega de veinte hectáreas dentro del predio que hoy ocupa Tecnópolis, operación que adelantó este diario. Ese terreno se otorgará a cambio de unas tierras (13 hectáreas) en el barrio de Barracas, que el entonces presidente Néstor Kirchner anunció que se les daría a la UIA en 2007, en plena campaña electoral de su esposa. La UIA nunca logró encontrar un operador ni inversores dispuestos a apostar por un centro de convenciones tan extramuros; ahora confían en que la nueva ubicación les permitirá competir con La Rural (ésa es, además, la intención del Gobierno). El terreno de Barracas será usado para erigir una especie de «Cinecittá», con estudios de filmación, islas de edición, salas de proyección, etc. El anuncio formal del «swap» inmobiliario se hará, tal como adelantó ayer este diario, el 2 de septiembre próximo en la propia Tecnópolis, en un megaalmuerzo para conmemorar el Día de la Industria.

  • El otro gran tema son las negociaciones que vienen manteniendo con José Sbatella, titular de la UIF (Unidad de Investigaciones Financieras) para que se modifique el régimen que obliga a presentar declaraciones juradas con datos de filiación y hasta listados de familiares directos, a todos los ciudadanos que integren comisiones directivas de entidades sin fines de lucro y ONG. Sin embargo, las repercusiones del caso Schoklender que rozan a Sbatella tienen al funcionario ocupado en otros menesteres, y si bien para los dirigentes empresarios el tema es urgente, para el Gobierno está lejos de ser una de las principales prioridades.


  • Otra de las cuestiones que se arrastran desde hace tiempo es el régimen de accidentes de trabajo. Pese a que sus -hasta ahora infructuosos- reclamos datan de hace siete años, los industriales no pierden la esperanza de que el ministro de la cartera laboral, Carlos Tomada, que el domingo quedaría liberado de la campaña porteña, retome a pleno su función específica y se aboque a resolver un rompecabezas legal que provocó decenas de miles de juicios laborales. La orden de modificar este régimen había sido dada por la propia Cristina de Kirchner en el almuerzo que compartió con las dirigentes que acababan de asumir la conducción de la UIA hace tres meses. Hasta ahora, la intención presidencial no atravesó el despacho de Tomada.
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