15 de octubre 2014 - 00:18

Un 2015 con conflictos y sin conjueces en el alto tribunal

 Nada de todo el debate que se disparó desde ayer entre el ultrakirchnerismo, la oposición y hasta los jueces por el futuro de la integración de la Corte Suprema tendrá sentido si el día en que el oficialismo intente votar a un reemplazante de Eugenio Zaffaroni en el Senado toda la oposición ocupa sus bancas.

El oficialismo no tiene número en el Senado para aprobar el acuerdo a ningún nuevo integrante de la Corte; ni el que deberá reemplazar a Zaffaroni después de la primera semana de enero, ni la segunda hipotética vacante que el kirchnerismo sueña provocar con una jubilación de Carlos Fayt, como la que pide Carlos Kunkel hasta el hartazgo. Imposible pensar que el anciano ministro, excandidato a diputado por el socialismo, le va a regalar al kirchnerismo semejante alegría. Ayer en el acuerdo semanal del tribunal garantizó su continuidad "a largo plazo" (radiante y con luces como hacía tiempo no se le veían) para contestarle a Kunkel.

La realidad se impone: la Constitución dice que para otorgar acuerdo a un juez de la Corte Suprema deben lograrse, por el sí en el recinto, los dos tercios de los miembros presentes. En esto no hay posibilidad de equivocarse: con la actual constitución del Senado sólo un acuerdo por atrás de las cortinas entre oposición y kirchnerismo le permitiría a Miguel Pichetto lograr ese número. Elisa Carrió ya hace listas de los que deberán estar presentes en esa hipotética sesión para tomar nota.

De hecho, el Gobierno hasta podría proponer un candidato para reemplazar a Zaffaroni,;debería ser un penalista para mantener el equilibrio profesional en el tribunal, requisito que dentro de quienes están en el espíritu de Cristina de Kirchner sólo lo cumple Alejandro Slokar. El trámite podría pasar por la Comisión de Acuerdos y obtener dictamen por mayoría simple, pero al llegar al recinto los números no alcanzarán.

Frente a ese escenario está la realidad de la Corte. Ricardo Lorenzetti ha dicho (ver nota aparte) que el tribunal con cuatro miembros puede funcionar perfectamente. También se le escuchó al presidente del tribunal que en ningún caso la Corte convocará a la lista de conjueces que el Senado ratificó en mayo de este año (a la cabeza de esos privilegiados esta León Arslanian), cuando ya se sabía de la gravedad del estado de salud de Enrique Petracchi.

Sin la puerta abierta a conjueces y con reticencia también a sortear entre presidentes de Cámara a un reemplazante en caso de que con cuatro votos no se llegue a la mayoría en una acordada de la Corte, el horizonte del tribunal pueden ralentizarse.

"Cuando se vaya Zaffaroni, Lorenzetti no va a poner a consideración nada que requiera la convocatoria a conjueces", se escuchó ayer en el cuarto piso de Tribunales, donde sesiona la Corte.

Para el Gobierno, de todas formas, puede ser una ventaja. Cristina de Kirchner sabe que no puede cubrir vacantes salvo que medie una negociación con la oposición. El tribunal quedará en cinco miembros como lo quiso Néstor Kirchner en 2006. Para cambiar esa realidad y armar una nueva Corte que sobreviva a la Presidente haría falta una ley y después la mayoría especial para nombrar a los jueces. De todas formas, ayer algunos oficialistas jugaban con esas opciones. Y ante una urgencia está la lista de conjueces que el Gobierno le hizo votar al Senado.

Con ese panorama, Lorenzetti dejará pasar todo 2015 y la oposición deberá acompañarlo hasta que el nuevo Gobierno decida cubrir la o las vacantes. Todo lo que exceda esa proyección quedará en el terreno del escándalo político.

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