26 de septiembre 2011 - 00:00

Un accidentado “Hamlet” abrió el FIBA más austero

Más allá de tropiezos técnicos que público y actores soportaron con buen ánimo, la versión del «Hamlet» de Thomas Ostermeier resultó extensa y reiterativa, pese a contar con una puesta de gran energía e impacto visual.
Más allá de tropiezos técnicos que público y actores soportaron con buen ánimo, la versión del «Hamlet» de Thomas Ostermeier resultó extensa y reiterativa, pese a contar con una puesta de gran energía e impacto visual.
Esta vez no hubo actos inaugurales, ni cocktails de bienvenida y tampoco se programó el tradicional punto de encuentro para artistas locales y extranjeros y prensa. Pero en medio de tanta austeridad el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) dio comienzo a su octava edición, el sábado pasado, con una exitosa venta de entradas que ratifica la vigencia de esta gran muestra de artes escénicas creada en 1997.

El «Hamlet» de Shakespeare, versionado por Thomas Ostermeier y la Schaubühne am Lehniner Platz debutó el viernes con una función para prensa e invitados que demoró cuarenta minutos en empezar debido a un caótico retiro de entradas. Promediando la obra, el subtitulado electrónico comenzó a fallar y no hubo más remedio que hacer un breve intervalo que algunos aprovecharon para abandonar la sala.

Cabe destacar la buena disposición del público que aceptó estos contratiempos sin protestar y el excelente ánimo de los artistas alemanes que se tomaron el incidente con muy buen humor.

El espectáculo, de 165 minutos de duración, resultó algo extenso y reiterativo pese a contar con una puesta en escena de gran energía, dinamismo e impacto visual. En el escenario: una gran mesa de banquete, un telón con cadenas doradas, la tumba del rey Hamlet cubierta con un montículo de tierra (en realidad, turba importada de Estados Unidos) y para lograr un mayor distanciamiento de la acción, una cámara en vivo proyectando imágenes distorsionadas de las pesadillas del joven príncipe y de las distintas muertes que se van encadenando desde el momento en que éste se hace pasar por loco.

El extraordinario carisma de Lars Eldinger y su gran desparpajo escénico hicieron que la locura del protagonista dominara la acción en detrimento de otras líneas dramáticas. El suyo fue un Hamlet violento, demencial y a la vez payasesco. Se movía por la platea y el escenario como un niño gigante e imprevisible al que le está permitido manipular al público y controlar paranoicamente todo lo que sucede en la sala. Incluso llegó a hacer chistes con las fallas del subtitulado y hasta leyó algún que otro párrafo en castellano. Al director Ostermeier le gusta jugar con elementos de consumo (jugo de tomate, leche, latas de cerveza) y transformarlos en trucas escénicas. También suele incorporar el agua en sus puestas (en este caso abusa de una manguera de riego). El uso de micrófonos introdujo cierto clima de show televisivo, mientras que las imágenes filmadas aludían al cine negro o a series tenebrosas y oníricas como «Twin Peaks» (el cadáver de Ofelia envuelto en polietileno era muy parecido al de Laura Palmer).

El espectáculo «Alexis. Una tragedia griega», creado por los italianos Daniela Nicoló y Enrico Casagrande, también incluyó proyecciones, cámara en vivo y un elemento natural (en este caso fuego). Su propuesta, claramente documentalista y de contenido político, invitó a reflexionar sobre la función del teatro y su relación con los conflictos sociales. El punto de partida se basó en los disturbios ocurridos en Grecia en 2008, donde perdió la vida un adolescente griego de quince años baleado por la policía y cuyo cuerpo fue abandonado en la calle. A través de este episodio la agrupación Motus estableció un paralelo con «Antígona», la heroína trágica de Sofócles que insistió en enterrar a su hermano con los ritos correspondientes, pese a la prohibición oficial. Los jóvenes actores funcionaron como guías e intérpretes de imágenes muy potentes, mostrando a una Grecia en llamas, mientras teorizaban sobre técnicas actorales para escenificar el dolor. Sus monólogos y conversaciones alternaban con corridas por el escenario y en ese armado, tratando de dar sentido a una realidad fragmentada, dejaron flotando en el aire la siguiente pregunta: ¿quién sería la Antígona de hoy?

Sobre el final del espectáculo se proyectaron recortes de prensa de las últimas rebeliones populares (en Egipto, España, Chile), pero curiosamente no hicieron mención alguna a nuestra debacle de 2001, pionera, si se quiere en este tipo de movilizaciones. No obstante el público algo debe haber asociado porque aplaudió a rabiar.

La apretada agenda del FIBA, con varios espectáculos internacionales que se superponen en horario obliga a dejar de lado algunas ofertas. Para hoy a las 21 está anunciado el show de la cantaora flamenca Estrella Morente, y para esta semana también se aguarda con expectativa la versión de cámara de «La flauta mágica» de Mozart, creada por el prestigioso director inglés Peter Brook.

Entre las actividades gratuitas programadas por el FIBA destacamos: la conferencia de Angélica Liddel, la atrevida protagonista de «Yo no soy bonita», quien hablará sobre su concepción del teatro (hoy a las 11, Casa de la Cultura Salón Dorado, Av. de Mayo 575); la Masterclass del director suizo Heiner Goebbels, especializado en teatro musical (30/09, 16 hs. Teatro San Martín); la muestra de obra gráfica para teatro de Gonzalo Martínez (a partir del 24/9 en C.C.Recoleta); la charla pública «Medea, según Odile Sankara y el lugar del coro tradicional en el drama» (02/10, 15 hs., Teatro San Martín) y la mesa sobre Teatro contemporáneo: temas, tendencias y estéticas (06/10, 15 hs., Teatro San Martín).

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