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“Un agente alemán hizo que me publicaran en la Argentina”
Hamilton: «A Stieg Larsson no se lo conocía cuando yo empecé con mi primera novela ‘Cercano Oeste’. Mis referencias son los clásicos de la novela negra, Hammett, Chandler, Cain. El más cercano hoy es el sueco Mankell».
Periodista: ¿Cómo es que de periodista deportivo pasa a convertirse en escritor de novelas policiales?
Mariano Hamilton: Hace unos once años, en 1999, estaba pasando un momento complicado en lo laboral, me habían sacado de la dirección de «Olé» y estuve unos siete u ocho meses en casa sin trabajar, y para tratar de compensar mi inactividad comencé a pergeñar una novela policial. Era como una especie de guión. Después me contrataron como director de «El Gráfico», y estuve un año y medio ahí, hasta que me despidieron. Esa vez fue más complicado porque estuve tres años sin trabajar. Por ese tiempo habían nacido mi segunda y tercera hija, y o me ponía a hacer algo o me volvía loco. Volví a trabajar en aquel viejo guión, que había ido mutando con el tiempo. Me llevó casi tres años tener el original como yo quería que estuviera. Me presenté con «Cercano Oeste» al Premio Planeta, y la novela estuvo entre las finalistas, las diez mejores. Como nadie la publicaba, tres años después, cuando ya me había recuperado laboralmente, la saqué por mi cuenta en la editorial de unos amigos. Dos años después casi por azar me contrató Planeta.
P.: ¿Cómo por azar?
M.H.: Un agente literario alemán había venido a la Argentina a hablar con sus autores Cesar Aira, Fogwill, Antonio Dal Masetto. Fue a una librería vio mi novela, la compró, la leyó, le gustó, me llamó y me dijo que quería representarme. A partir de ahí Michael Gaeb es mí agente, y se ocupa de conseguirme todas las cosas. Así resulta que Planeta de Argentina me publica por una gestión hecha desde Alemania, donde en septiembre sale publicado «Cercano Oeste».
P.: Acaso ese interés haya tenido que ver con que su novela se adelantó a la moda provocada por los policiales de Stieg Larsson.
M.H.: Larsson no se conocía cuando empecé con mi novela, creo que el también empezó a fines de los años 90. Lo que intenté fue trabajar a partir de los clichés del género, usarlos, transformarlos, profundizarlos, llevarlos a nivel del estereotipo. Mis referencias son los clásicos de la novela negra: Hammett, Chandler, Cain. El más cercano, hoy, es el sueco Mankell con su detective Kurt Wallander. Con Larsson me emparentaron, y lo leí mucho después. Me dijeron que me parecía en la parte mugrienta de mi novela.
P.: Acaso lo novedoso son las ollas que destapa.
M.H.: Siempre entendí que debía ser así. El policial de enigma, el policial inglés, me entretenía a los quince años, cuando leía a Ellery Queen, a Agatha Christie. Hoy prefiero a otros europeos, a Simenon o Mankell, que hacen policiales de clima, y los estadounidenses que son un tren que avanza sin parar, y te va demoliendo; que es lo que intenté lograr con «Cercano Oeste». En esa novela, que el detective no tenga nombre es un homenaje a «Cosecha Roja», y hay al pasar otros guiños para los adictos al género, que no interrumpen la lectura a los que no lo son.
P.: ¿Por que después de haber escrito en solitario «Cercano Oeste» decide escribir la segunda novela con otro autor?
M.H.: El proceso de escribir «Cercano Oeste» fue muy arduo y me llevó mucho tiempo. Profesionalmente estoy acostumbrado a trabajar en equipo, y me pareció que compartir con un amigo y colega la realización de la nueva novela podía ser algo que me daría muchísimo más placer. Yo vinculo la literatura al placer. Sentí que el personaje del detective daba para otras historias, y a la vez no me veía con el entusiasmo como para trabajar solo. Me junté con Alejandro Marinelli con el que trabajamos juntos en periodismo y somos amigos. Le propuse el desafío. Aceptó y así comenzamos a escribir. Así apareció «El hombre ordinario», donde no se perdió nada de lo que tenía «Cercano Oeste» y tiene mucha más miga que la primera obra.
P.: En su primera novela combina lo social, lo sexual y lo político.
M.H.: Salgo de la desaparición de una estudiante, que hace que contraten a un detective para saber que pasó con esa chica, a partir de allí se empiezan a entrecruzar los temas. Todo ocurre en 1970. Ahí está la gente que cree en platos voladores, abducciones, desembarco de extraterrestres, en pavadas de ese tipo, y los comienzos de lo terrorífico en serio, la represión ilegal. A través de unos personajes, unos médicos, recuerdo los prejuicios que había en ese tiempo, en que la homosexualidad no era lo que es hoy. En eso, acaso como Larsson, corro con ventaja porque conozco lo que pasó después. Sé de atrocidades que se cometieron, y de los progresos que lograron después. En eso hago del lector un cómplice, ambos sabemos lo que ocurrió luego. Los únicos que están a ciegas con lo que está pasando son los personajes.
P.: En «El hombre ordinario» ya se sabe que el detective se llama Roque Centurión.
M.H.: Esa segunda historia ocurre en 1971, un año después de la investigación anterior. Desde el comienzo sentí que tenía un personaje con futuro, con mucho para decir y hacer. Con Alejandro Marinelli tomamos varias decisiones. Una, corrernos de la escena política, porque «Cercano Oeste» tenía mucho que ver con la política. Otra fue, cómo hacer para que Roque Centurión no mate a nadie, porque en «Cercano Oeste» hace una carnicería. Para poder repartirnos la escritura hicimos un guión de acero.
P.: ¿Quién es, cómo es y de dónde proviene el detective Roque Centurión?
M.H.: Es un ex periodista que trabajaba en policiales de «Crónica», al que diferentes situaciones laborales lo fueron llevando a interesarse por la investigación policial. Es un perdedor; por lo menos en «Cercano Oeste» arranca en una posición claramente de perdedor. Eso no significa que en el devenir de las próximas historias lo siga siendo. Entre las decisiones que tomamos con Alejandro es encontrar la forma de reconciliarlo con la vida. Roque es un grandote noble, bastante torpe en más de un sentido, y muy amigo de sus amigos en todo sentido. Es más cobarde que valiente. Dice: «tengo mucho miedo, pero el asunto es qué se hace con ese miedo». Se sobrepone a su miedo ayudado por el whisky, o por otras cosas, y puede enfrentar los desafíos que se le van presentando. A los tumbos, pero sale adelante.
P.: Las novelas están contadas de forma muy visual, ¿es por influencia del cine y la televisión?
M.H.: Me lo han dicho, pero es cierto en parte, porque cuando comencé a guionarla para pasarla al cine -después de una propuesta que finalmente no se concretó- me encontré con el problema del tránsito de la primera persona, que es el modo en que está contada la novela, a la tercera persona de la narración cinematográfica tradicional. Todo lo que pasa en la novela está visto desde los ojos de Roque Centurión. Eso hace que se complejice la forma de llevar a la pantalla ciertas escenas.
P.: A la vez, están los aspectos históricos que siempre encarecen la producción.
M.H.: Eso, dentro de todo, es fácil de solucionar. Lo difícil va a ser con la tercera novela de la serie, que estamos terminando con Alejandro, porque transcurre en varios países. Y como ocurre en 1973, ahí nos volvemos a meter de lleno y a lo grande con la política. Roque Centurión se codea con Rucci, con Perón, con Lanusse. Lo cierto es que todas las novelas mantienen un fuerte rigor histórico, un eslabonamiento, una continuidad en el tiempo, las aventuras se van sucediendo una tras otra.
P.: Dado que ambientó sus novelas en los años 70, debió haber investigado esa época,
M.H.: He ido muy seguido al Archivo General de la Nación y la hemeroteca de la Biblioteca Nacional porque al contar algo que ocurrió el dato debe ser preciso. Estaba, por caso, el tema del dinero, de los valores, de las publicidades de ese momento, qué se daba en los cines. En la segunda novela se menciona, por ejemplo, la pelea de Griffith contra Monzón. Si supimos que eso ocurrió ese día es porque en las novelas estudiamos lo que pasa día por día. Fechamos todo, más allá de que se diga o no se diga en el libro. Sabemos muy bien qué pasa cada día.
P.: ¿Tiene amigos que escriban como usted novelas policiales?
M.H.: Tengo un grupo de grandes amigos que son escritores -Daniel Guebel, Fabián Casas, Alejandro Caravario, Guillermo Piro- pero ellos no se dedican a la novela policial.
Entrevista de Máximo Soto


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