24 de julio 2013 - 00:00

Un antídoto contra las falencias de los políticos

Decenas de miles de fieles se reunieron ayer en el litoral carioca para la inauguración formal de la Jornada Mundial de la Juventud. Desde hoy el Papa presidirá las actividades.
Decenas de miles de fieles se reunieron ayer en el litoral carioca para la inauguración formal de la Jornada Mundial de la Juventud. Desde hoy el Papa presidirá las actividades.
Río de Janeiro - Desde la isla de Lampedusa y la Plaza de San Pedro del Vaticano hasta Río de Janeiro, el papa argentino sigue demostrando cuál es el estilo, y el contenido, que quiere para su pontificado.

En poco menos de una hora, tras su llegada el lunes a Brasil, Jorge Bergoglio hizo trizas el protocolo vaticano y confirmó al mismo tiempo que apunta hacia una Iglesia arraigada en las periferias: en el caso de Río, en las "ruas", las calles de la ciudad.

Pese a que todo es diferente, sea por la geografía como por el contexto social, en el fondo la proximidad que el Papa tuvo con la gente tras su llegada al aeropuerto de Río -y su decisión de viajar con su ventanilla del auto bien abierta- se asemeja a lo que hizo hace unos días en Lampedusa, la isla italiana donde llegan los desesperados inmigrantes del norte de África.

Las orientaciones que Bergoglio quiere dar como pontífice son en el fondo muy parecidas tanto si se trata de la periferia de los "sin papeles" o la de una megalópoli con numerosas favelas como Río de Janeiro, una "cidade maravilhosa" que araña los 10 millones de habitantes.

En pocos minutos tras su desembarco del vuelo Roma-Río, el papa argentino logró "contagiar" su mensaje, y sus objetivos, con una facilidad asombrosa a la muchedumbre que iba encontrando en su camino. No sólo a los fieles o los peregrinos, sino también a los cariocas, la gente común que se fue acercando a su auto, bloqueado en medio del tráfico como si fuera -destacó ayer un periódico local- un "papa-inmóvil".

Si su misión principal al ser electo papa fue la de contrarrestar la sangría de fieles que la Iglesia Católica viene sufriendo desde hace tiempo -entre otros países, precisamente en Brasil, y de manera dramática-, entonces el exarzobispo de Buenos Aires parece estar cumpliendo con creces su misión.

Conquistada hace tiempo, casi seducida, una Italia angustiada por la crisis, también Brasil parece haber abierto sus brazos a la llegada del nuevo papa.

El mecanismo de fondo que generó esta empatía es similar en los dos casos. Muchos italianos lo ven como al hombre cuyos principios (por ejemplo, rigor, simpleza, alergia al despilfarro) son una suerte de antídoto contra la clase política y unas instituciones percibidas lejanas y desinteresadas de los problemas de la gente. En Brasil podría ocurrir lo mismo, vistos los enormes problemas que enfrenta la presidenta Dilma Rousseff tras las manifestaciones callejeras que en junio pusieron de hecho en jaque a su Gobierno.

Es lógico, por otra parte, preguntarse cuáles serán las próximas etapas del recorrido del Papa a nivel internacional.

Está claro que precisamente por el hecho de ser argentino y gracias al impacto de este viaje carioca, el binomio Papa-América Latina no para de reforzarse. No por nada es el primer pontífice latinoamericano.

Quizás en el futuro Bergoglio apunte hacia otras latitudes: por ejemplo, a África, tierra difícil para la Iglesia Católica, y no sólo por el avance del islam. O a Asia -en primer lugar el coloso China-, una suerte de eterna y complicada "asignatura pendiente" para el Vaticano.

Agencia ANSA

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