20 de octubre 2011 - 00:00

Un conflicto olvidado en la frontera de Europa

Ankara - Los ataques del Partido del Kurdistan de los Trabajadores (PKK) en Hakkari son sólo el último capítulo de una larga y en gran parte olvidada guerra en la frontera de Europa con raíces que se remontan a casi un siglo y un balance de decenas de miles de muertos en menos de 30 años de enfrentamientos.

Subyace el sentimiento independentista de los kurdos, un pueblo que no tiene Estado y que se vio dividido entre Turquía, Irak, Irán y Siria por los acuerdos internacionales en los que se repartió el extinto Imperio Otomano, en 1923.

En Turquía, los kurdos están concentrados en el sureste del territorio de la república y su población es estimada entre los 12 y los 15 millones de personas, lo que representa un quinto de los habitantes totales del país.

El perfil a la vez nacionalista y centralista dado al Estado por el fundador de la Turquía moderna, Jemal Ataturk, llevó a decenios de persistente incompresión de los derechos de esta minoría, que posee un idioma y una cultura del todo diferentes a los de la mayoría de los turcos.

La reivindicación de los derechos nacionales kurdos a través de la independencia de Turquía y la creación de un Estado kurdo está en la base del programa del PKK, partido de inspiración marxista fundado en 1974 por Abdalá Ocalán y considerado terrorista por las autoridades de Ankara, pero también por Estados Unidos y la Unión Europea.

Entre 1984 y 2010, según estimaciones independientes, el PKK llevó a cabo poco menos de 44 mil ataques o atentados, causando entre 30 y 45 mil muertos, aunque las autoridades turcas hablan de unas 60 mil víctimas en total.

Para detener esta espiral sangrienta, el premier turco Recep Tayyip Erdogan, que llegó al poder en 2002, aprobó una serie de reformas a través de las cuales se concedió una mayor autonomía local a las regiones kurdas.

Erdogan se vio en parte forzado a adoptar estas decisiones para respetar los parámetros impuestos para la UE para hacer posible el ingreso de Turquía al bloque, deseado por Ankara, pero obstaculizado por la nunca resuelta disputa sobre Chipre y las objeciones de Francia y Alemania. Sea como fuere, las concesiones del Gobierno turco fueron consideradas insuficientes por los dirigentes kurdos, que auspician reformas más radicales, como el uso de su idioma en la vida y e instrucción públicas, y la liberación de militantes nacionalistas, empezando por el mismo Ocalan, que fue condenado a cadena perpetua en 1999.

A esto se suma la exigencia del cese de las operaciones militares y paramilitares contra el PKK y la abolición de la cláusula del 10% -porcentaje mínimo de votos necesarios para que un partido obtenga representación parlamentaria- que penaliza fuertemente a los candidatos kurdos.

La ola de ataques de los últimos meses, a la que Ankara respondió con bombardeos aéreos en el norte de Irak -donde se encuentran las bases desde las cuales el PKK lanza sus incursiones en territorio turco- fue provocada por el fracaso de una negociación secreta de paz, de la que se conoció la existencia recién el mes pasado.

Agencia ANSA

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