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Un desastre que actualiza los ecos de Chernóbil
Los helicópteros enviados a arrojar agua para reducir la temperatura en los reactores de Fukushima no pudieron cumplir con su tarea debido al alto nivel de radiación imperante. No hay opciones simples para superar la emergencia.
«Me acuerdo que llamé a mi esposo. Hubo rumores durante días sobre un accidente nuclear. Hasta habíamos colgado mantas en las ventanas para evitar la radiación porque no sabíamos qué hacer...», recordó Natalya, una analista financiera de 46 años que ahora vive en Kiev. Su marido trabajaba como periodista en un diario.
«Me dijo que hubo un incendio en la planta atómica en Chernóbil. Esa fue para mí la primera confirmación de que el reactor había colapsado», dijo esta semana, sentada en el escritorio de su oficina en el centro de la capital.
«No sabíamos qué esperar. Fue horrible», contó.
Mientras Japón lucha por prevenir una fusión del núcleo en su planta Fukushima, afectada por el terremoto, los ucranianos se preparan para recordar el 25° aniversario del peor accidente nuclear del mundo.
Los legados físicos y económicos de aquel desastre son obvios: un anillo deshabitado de 30 kilómetros alrededor de la planta de Chernóbil, miles de millones de dólares gastados para limpiar la región y un masivo esfuerzo por recaudar 600 millones de euros (840 millones de dólares) en nuevos fondos que, según Kiev, se necesitan para construir una muralla más resistente sobre el reactor afectado.
Igual de poderosas son las heridas menos visibles: el miedo y la pertinaz sospecha de que a pesar de los reportes tranquilizadores de las autoridades y los organismos científicos, las personas pueden seguir muriendo por los efectos de la radiación.
En paralelo al debate sobre el impacto en la salud, hay pocas dudas de que la población en Ucrania y en la vecina Bielorrusia sobrelleva una carga psicológica.
Varios estudios han revelado que «las poblaciones expuestas tenían niveles de ansiedad que duplicaban» los de las personas no afectadas por el accidente, de acuerdo con un reporte de Naciones Unidas de 2006.
Según el informe, las personas expuestas a la radiación eran «de tres a cuatro veces más propensas a reportar múltiples síntomas psicológicos sin explicación y mal estado de salud subjetivo que los grupos de control no afectados».
Hay, por supuesto, diferencias cruciales entre Chernóbil y el desastre que se está desarrollando en Japón.
El accidente en Chernóbil fue el producto de un error humano por un test mal ejecutado, mientras que la falla japonesa fue desatada por un sismo y un tsunami.
Chernóbil ocurrió en una cerrada sociedad soviética que el reformista Mijaíl Gorbachov estaba recién comenzando a abrir. Las autoridades intentaron encubrir el desastre y admitieron parcialmente la verdad tres días después, perdiendo la oportunidad de recibir velozmente ayuda internacional.
Pese a las críticas de que Tokio podría ser mucho más transparente, la catástrofe en Japón ha ocurrido en una sociedad relativamente abierta, que ha recibido asistencia internacional rápido.
Fuga improbable
Pero, sobre todo, las gruesas paredes de contención en la planta Fukushima protegen a los núcleos del reactor, por lo cual, aunque haya una fusión del combustible nuclear, es improbable que se produzca una peligrosa fuga de nubes radioactivas hacia la atmósfera. En Chernóbil, en cambio, no existía una estructura de contención.
«Cuando voló, voló todo directamente hacia la atmósfera», dijo Murray Jennex, de la San Diego State University.
Sin embargo, a pesar de estas diferencias, la experiencia de Chernóbil sigue ofreciendo lecciones a Japón y a otros países, opinó Volodymyr Holosha, el principal funcionario del Ministerio de Emergencia ucraniano a cargo del área que rodea la planta.
«No estábamos listos ni tecnológica ni económicamente para ello», indicó a periodistas en Kiev el mes pasado. «Esta es una experiencia invaluable para otros países», agregó.
En las primeras horas del 6 de abril de 1986, en la localidad soviética de Prypyat, un satélite de la mucho mayor Chernóbil, los trabajadores de una planta de energía nuclear desactivaron los sistemas de seguridad del reactor número cuatro, que había comenzado a operar apenas tres años antes.
Fue un experimento riesgoso para ver si el sistema de enfriamiento podía seguir funcionando usando energía generada sólo del reactor en el caso de que fallara el suministro auxiliar de electricidad.
Descarga masiva
Pero salió mal. Hubo una masiva descarga de energía que hizo explotar el pesado hormigón y la tapa de metal del reactor y arrojó material radioactivo en llamas hacia la atmósfera. Decenas de operarios de la planta murieron en el acto o inmediatamente después en el hospital.
Centenares de miles de socorristas, incluyendo soldados del Ejército soviético, fueron enviados al sitio para apagar los incendios, descontaminar el lugar y acordonar el reactor dañado construyendo una pared de hormigón alrededor.
Al principio, las autoridades negaron que hubiera un problema. Cuando finalmente admitieron la verdad, más de un día después, varios miles de habitantes recogieron sus pocas pertenencias y se fueron. Muchos partieron hacia Kiev, ubicada 80 kilómetros al sur, para nunca volver.
Iryna Lobanova, una empleada pública de 44 años, iba a casarse en Prypyat el mismo día de la explosión, pero supuso que todas las ceremonias quedaban suspendidas. «Yo creí que había empezado la guerra», dijo a Reuters esta semana.
«Pero las autoridades locales nos dijeron que siguiéramos adelante con todas las ceremonias programadas», recordó. Nadie pudo salir de la ciudad hasta que se anunció la evacuación oficial el domingo, 36 horas después, «luego de una orden de Moscú», agregó. Lobanova se casó y se fue al día siguiente con su esposo en un tren.
Agencia Reuters


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