8 de noviembre 2013 - 00:00

Un digno homenaje a Teatro Abierto

Homenaje a Teatro Abierto: "Gris de Ausencia" de R. Cossa; "Decir sí de G.Gambaro y "Papá querido" de A. Bortnik. (Martes de noviembre, a las 21 Teatro Picadero)



A treinta años de Teatro Abierto, el ciclo que en 1981 anticipó la llegada de la democracia, el Teatro El Picadero le rinde homenaje con la reposición de tres obras del repertorio original. Son historias breves, con personajes de corte popular y conflictos fácilmente identificables, pero que a la vez eluden la denuncia directa y adquieren, en ciertos casos, una dimensión alegórica. "Gris de ausencia" de Roberto Cossa, con dirección de Agustín Alezzo, ofrece una relectura en clave de comedia- de los conflictos inmigratorios ya planteados por el teatro de Armando Discépolo entre los años 20' y 30'.

La eficaz caricatura de algunos personajes -el abuelo italiano (Mario Alarcón) que al volver a Italia confunde Roma con Buenos Aires y a Perón con "Il Duce"; o el porteño arrogante (Jorge Suarez) que recaló en Italia pero no soporta a los italianos- provoca la misma más hilaridad que en los '80. Aunque es evidente que el tema de la emigración forzada resulta menos angustiante hoy que hace 30 años.

"Papá querido", de Aída Bortnik, reúne a cuatro hijos de un mismo padre (claro símbolo de la patria) que recién se conocen tras el suicidio de su progenitor. Las cartas que reciben en herencia les recuerda los grandes valores paternos que ninguno de ellos ha cumplido. Y así, la reconciliación entre hermanos se ve frustrada por el individualismo, el resentimiento y la falta de solidaridad.

El director Javier Daulte subrayó la humanidad de estos personajes mediante situaciones de gran dinamismo en las que se luce todo el elenco. La simpática caracterización de Esteban Meloni, como el hermano pueblerino, aporta humor a la pieza y suaviza su mensaje aleccionador.

"Decir sí de Griselda Gambaro es quizás la obra más vigente del ciclo, y la más universal; tanto por su alto nivel de abstracción como por el vínculo emblemático que une a sus dos protagonistas.

Un cliente demasiado sumiso (y de irresistible comicidad en manos de Héctor Díaz) pierde su libertad y pone en riesgo su vida al otorgarle un poder absurdo y excesivo a un peluquero de inclinaciones sádicas.

En este segundo rol, Alarcón despliega aún más su exquisito histrionismo. Por su parte, el director Ciro Zorzoli valorizó al máximo los gestos, silencios y acciones físicas de los actores. En este macabro encuentro hay buenas dosis de suspenso, humor negro y una comicidad propia del cine mudo.

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