6 de diciembre 2013 - 00:00

“Un estadista que amaba su país más que a sí mismo”

La autora de esta columna, escrita anoche a pedido de este diario, es una de las autoridades más altas de la ONU, donde es directora en la oficina del Alto Comisionado para el Desarme de la organización. Trabaja en esa tarea en Siria y en otros países. Es argentina, doctorada en Estrategia y autora de “Señales de Guerra”, sobre la Guerra de Malvinas. Trabajó en Sudáfrica en el plan de desarme de la sociedad que emprendió Mandela cuando asumió la presidencia de ese país. En 1995 obtuvo el Premio Nobel de la Paz (compartido) como miembro de la organización Pugwash por el desarme nuclear. Trabajó, antes de asumir la actual tarea en la ONU, en la organización de la Policía Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires.

Es difícil hablar del presidente Mandela o Madiba, como le decíamos todos los que lo conocían.

Una persona es generalmente sólo eso: una persona, por muy multifacética que sea su personalidad. Pero Madiba no era solamente una persona, era un estadista y era un ejemplo, no solamente para su pueblo sino más allá.

Recuerdo los videos de su defensa de la necesidad de libertad en Sudáfrica. Su retórica y la pujante forma en que defendía sus principios y los de su causa. Sus discursos eran muy parecidos a los del asesinado Martin Luther King. Pero quizás lo que más recuerdo es la sorpresa de su retorno a la vida, luego de la "muerte mediática" que sufrió con tantas décadas en la cárcel. En ese retorno a la vida pública no hubo nunca un solo indicio de odio ni de venganza. Siempre fue justo y vivió su vida y sus últimos años apañados por la Justicia que él irradiaba. Amaba su país más que a su persona y veía el potencial del futuro de Sudáfrica en todo ciudadano, no importara su color ni su afiliación política.

Amigos y enemigos pasados, todos entraban bajo el mismo manto de su promesa de un país mejor. Sólo pedía una fórmula: reconciliación y verdad, y con esa fórmula llevó el gran barco sudafricano a buen puerto. Logró una transición democrática pacífica y, además, la confianza mutua entre las personas que -hasta ese momento- esperaban lo peor unas de otras. Ese saber sacar lo mejor de las personas es lo que distingue a mi Madiba.

Yo tuve el gusto de conocerlo y cuando iba a la casa presidencial como mujer profesional que soy, cargando a mi bebé de meses, a veces tenía que dejar a mi niña con la secretaria mientras tenía reuniones. Pero a él le gustaban los niños. Más de una vez la cargó en sus brazos y también vio cómo uno de sus jefes de gabinete ayudaba a cambiarle los pañales.

Yo, más que escucharlo, lo observaba. La manera de hacer las cosas, la forma en que trataba a todos con soltura, con humildad y respeto, sin importar su cargo, color o edad. Parecía siempre querer escuchar, siempre querer aprender pero no se equivoquen, sabía muy bien poner los puntos sobre las íes. Recuerdo una conversación mantenida con su vicepresidente. El tema era el crimen violento que se desató en Sudáfrica cuando bajaron los controles de frontera y se estaba capacitando a una policía nueva. Todos los ciudadanos estaban hartos de la violencia y de la criminalidad en aumento y todos, blancos y negros, pedían por la pena de muerte para disuadir del crimen.

Su vicepresidente le dijo: "Señor presidente, ¿por qué no hacemos un referendo sobre la pena de muerte?" y Madiba le contestó: "Sí, me parece muy bien, pero si hacemos ese referendo también quiero un referendo sobre reforma agraria y la expropiación de viviendas privadas". Esto silenció a su vice. Luego de unos segundos, Madiba sonrió y le dijo con infinita compasión en la mirada: "Nosotros somos estadistas, la gente nos votó para que tomáramos decisiones, no para ocultarnos detrás de sus números. Hay que ser responsables...". Ese es el Madiba que recuerdo, cargando sobre los hombros el gran peso de ser un estadista y la responsabilidad plena de esa tarea: él era responsable y ese era el peso que llevaba. Quizás este fue su mas grande galardón. Lo extrañaré. El sol brilla menos hoy. Adiós Madiba.

(*) Directora de la Oficina del Alto Comisionado para el Desarme de la ONU

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