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¿Un golpe inmediato o una lenta agonía?
El presidente Barack Obama llegó ayer a Washington para apurar las gestiones ante el Congreso destinadas a lograr un acuerdo fiscal de último momento. Por ahora reina el pesimismo.
«La esperanza de éxito decayó durante la Navidad», escribió ayer The Washington Post. Las agujas del reloj corren cada vez más deprisa. Hasta el 31 de diciembre el Gobierno y los republicanos tienen tiempo de sellar un compromiso para poner fin a la disputa presupuestaria.
Pero las primeras voces del Congreso ya apuntan al fracaso. Durante meses se dijo que demócratas y republicanos debían alcanzar un acuerdo antes de fin de año, de lo contrario se producirá un «abismo fiscal» a principios de 2013, caracterizado por la coincidencia de drásticos recortes del gasto público y subas generalizadas de impuestos por alrededor de 600.000 millones de dólares. Y esto podría sumir a Estados Unidos en una nueva recesión.
¿Pero hasta qué punto es realmente peligrosa la situación? Expertos más prudentes ya han manifestado reiteradamente que un fracaso no tiene por qué conllevar un desastre inmediato a comienzos de año. El aumento de los impuestos y los recortes de gastos no se sentirán el 2 de enero, sino que será un proceso más lento.
¿Mucho ruido y pocas nueces? No del todo. La amenaza inminente son los mercados financieros y las agencias de calificación. Con un fracaso, los mercados internacionales podrían reaccionar con nerviosismo e inquietud, el precio de las acciones podría caer en picada y una o más agencias de calificación podría poner en aprietos la solvencia de Estados Unidos.
Pero hasta ahora, los mercados permanecen llamativamente estables. Tampoco la rebaja de la calificación por parte de S&P después de la debacle financiera de 2011 parece haber dañado la credibilidad crediticia del país.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ya había dicho semanas atrás cuál era el fondo de la cuestión: la pérdida de confianza. Si la mayor economía del mundo no está en condiciones de lidiar a tiempo con sus problemas financieros, no es una buena señal para la economía global.
De hecho, los protagonistas de la disputa en Washington se muestran increíblemente relajados a poco días de la fecha límite. Los senadores, que regresaron ayer a Washington tras las fiestas navideñas, no encontraron una propuesta concreta sobre sus escritorios.
Los medios estadounidenses informaron que durante la pausa no hubo ni siquiera negociaciones reservadas.
Tampoco desde el Senado, donde los demócratas tienen la mayoría, llegaron hasta el momento señales de un gran avance. Además, cualquier resolución de proyecto de ley deberá pasar luego por la Cámara de Representantes, donde los partidarios ultraconservadores del Tea Party han ensayado un levantamiento en la última semana asestándole una dura derrota al líder republicano John Boehner.
El problema central sigue sin resolver: aunque ambos partidos están de acuerdo con que para la gran mayoría de los estadounidenses no debe haber aumentos de impuestos, las opiniones difieren en cuanto a los que ganan más.
Obama quiere los ciudadanos con un ingreso mayor a los u$s 250.000 al año paguen impuestos más altos, pero muchos republicanos se oponen a categóricamente a esta medida.
The New York Times parte de que la mayoría republicana en el Congreso quiere esperar unos días. El 3 de enero los legisladores volverán a elegir a Boehner y sólo después esperan que la situación se relaje.
Agencia DPA


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