7 de febrero 2014 - 00:00

Un histórico mea culpa busca cerrar el mayor escándalo de la Iglesia

Juan Pablo II y el sacerdote mexicano Marcial Maciel, en una foto de 2004. El fundador de la poderosa Legión de Cristo, acusado de pederastia, consumo de drogas y violación reiterada del celibato, murió cuatro años después. Su congregación pidió ayer perdón a las víctimas.
Juan Pablo II y el sacerdote mexicano Marcial Maciel, en una foto de 2004. El fundador de la poderosa Legión de Cristo, acusado de pederastia, consumo de drogas y violación reiterada del celibato, murió cuatro años después. Su congregación pidió ayer perdón a las víctimas.
Roma - La influyente congregación ultraconservado-ra Legión de Cristo pidió perdón ayer por los "gravísimos" abusos cometidos por su fundador, el mexicano Marcial Maciel, a los que calificó de "objetivamente inmorales", y prometió "iniciar una nueva etapa", un día después de que la ONU criticara al Vaticano por apañar a curas pederastas.

Con una petición colectiva de "perdón", por "los comportamientos graves" cometidos por Maciel, pronunciada a través de un comunicado divulgado en Roma tras una serie de reuniones extraordinarias, el movimiento, fundado en 1941 y presente en casi toda América Latina, busca dar vuelta la hoja después de estar al borde de la disolución por haber protagonizado uno de los mayores escándalos de la Iglesia Católica.

"Queremos expresar nuestro hondo pesar por el abuso de seminaristas menores de edad, los actos inmorales con hombres y mujeres adultos, el uso arbitrario de su autoridad y de bienes, el consumo desmesurado de medicamentos adictivos y el haber presentado (Maciel) como propios escritos publicados por terceros", sostiene la petición oficial en la que se expresa también la "solidaridad" con las víctimas.

La poderosa congregación, que inició a principios de enero en la capital italiana un congreso para decidir su futuro, divulgó el comunicado un día después de que el Comité para los Derechos del Niño de las Naciones Unidas condenara al Vaticano por el encubrimiento, por décadas, de sacerdotes que abusaban de menores, siendo una de las críticas más duras que recibió la institución por parte de una entidad internacional.

El pedido de perdón no sólo rompe con su fundador y líder carismático, fallecido a los 88 años en 2008, sino que también reconoce y condena la actitud de sus máximos responsables con las víctimas por haberlas desoído, una de las mayores críticas hechas en el informe de la ONU.

Por décadas, el Vaticano descartó acusaciones de seminaristas de que Maciel había abusado sexualmente de ellos, algunos cuando tenían apenas 12 años. Las reglas de la congregación prohíben criticar al fundador o cuestionar sus motivos.

El papa Juan Pablo II, que será canonizado en abril, lo apoyó con firmeza incluso cuando las críticas en su contra aumentaron y, según investigaciones, la Curia romana poseía más de 200 legajos que detallaban la conducta del fundador de la congregación. Para el sumo pontífice el movimiento era un ejemplo de virtud católica, opinión que compartían muchos benefactores conservadores acaudalados que la veían como un baluarte contra el liberalismo en la Iglesia. Hoy día la congregación cuenta con 900 sacerdotes, 945 seminaristas, unos 70.000 miembros laicos y gestiona 12 universidades.

En 2006, un año después de la muerte de Juan Pablo II, una investigación del Vaticano concluyó que las acusaciones anteriormente rechazadas de abuso eran ciertas. Benedicto XVI apartó a Maciel por sus comportamientos y por la vida que llevó "sin escrúpulos y sin verdadero sentimiento religioso" e intervino la congregación, nombrando a cargo al arzobispo italiano Velasio de Paolis.

Tras su muerte, las investigaciones hallaron que Maciel había abusado incluso de los hijos que tuvo con dos mujeres, a las que engañaba diciendo que era soltero, así como su adicción a la morfina y sus negocios oscuros. De acuerdo con la prensa mexicana, tendió una red financiera que lo acercó a grandes empresarios y a negocios como la organización del conocido programa Teletón, donde se recaudan millonarios fondos para caridad.

Con el documento, la Legión de Cristo -que anunció que el sacerdote mexicano Eduardo Robles Gil será el nuevo director por los próximos seis años- tomó definitivamente distancia de su fundador y admitió que hubo una "exaltación excesiva" y "visión acrítica" de su figura. En 2010 había admitido por primera vez los abusos y pidió perdón a los afectados. Ahora, reconoció "el largo silencio institucional y, más adelante, los titubeos y errores de juicio" a la hora de informar sobre lo ocurrido.

El pedido de perdón fue, sin embargo, cuestionado por exsacerdotes que trabajaron con las víctimas de Maciel.

"Yo creo que no hay verdadera reforma de fondo desde el punto de vista psicológico en las cabezas principales de la Legión de Cristo", dijo el exlegionario mexicano José Barba. "Ahora quiere, con un bisturí metafísico, separarse enteramente de la personalidad de Maciel, su mal ejemplo y sus delitos", cuando en el pasado del fundador y la Legión eran indisociables, agregó.

También se pronunció con dureza el exsacerdote Alberto Athié, quien trabajó con las víctimas durante años. "Hablan del caso Maciel como si fuera, en primer lugar, el único que cometió ese tipo de actos en contra de compañeros", opinó.

Dijo que el fallecido sacerdote construyó un modelo de congregación basado en el "sometimiento psicológico" de sus discípulos y del que fueron corresponsables otros dirigentes, sus "preferidos". Él abusaba de jóvenes, "los convertía en ese momento en víctimas, los confesaba, los absolvía, les daba la comunión y luego, según las narraciones de varios, los convertía en cómplices suyos para que le trajeran a otros muchachos a la enfermería" para abusar sexualmente de ellos, agregó.

Agencias AFP, EFE, DPA, ANSA y Reuters, y Ámbito Financiero.

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