Francisco pasará cuatro días en la isla antes de continuar viaje hacia el gigante norteamericano, un itinerario ligado al histórico deshielo entre ambos países. "Es inevitable pensar que esto sirve para estimular y dar impulso a ese proceso", dijo el portavoz del Arzobispado de La Habana, Orlando Márquez.
El primer papa latinoamericano es considerado un mediador importante para destrabar uno de los conflictos de más larga data en el continente, pese a que él mismo restó importancia a su papel en ese diálogo.
Los mensajes y las homilías del Papa en lugares tan simbólicos como la Plaza de la Revolución de La Habana este domingo y ante el Congreso de EE.UU. el jueves próximo son esperados con gran interés mundial.
El viaje a Cuba, el tercero que hace un pontífice católico a la isla en apenas 17 años, genera enormes expectativas. Tras las visitas de Juan Pablo II en 1998 y de Benedicto XVI en 2012, ningún país latinoamericano, excepto Brasil, habrá recibido a tantos papas.
Eso, pese a que las difíciles relaciones que tuvo el Gobierno de Fidel Castro con la Iglesia Católica en los primeros años tras la revolución de 1959. O justamente por eso. En Cuba, Francisco se encontrará ahora con expectativas muy dispares.
Allí, la proscrita oposición política espera que Francisco aborde la situación de las derechos humanos y critique la falta de libertades civiles de las que acusan al castrismo.
El proceso de apertura en el que puede participar el Papa "lamentablemente no se traduce inmediatamente en una mejora", agregó Márquez para explicar por qué cree que las expectativas muchas veces "superan las posibilidades reales".
Otros observadores, como el padre Bernd Hagenkord, de Radio Vaticano, esperan con interés los mensajes en la isla. "No sé si a los cubanos les gustará todo que Francisco tenga que decirles. Es alguien al que le gusta llamar a las cosas por su nombre", aseguró.
Uno de los momentos cumbre de la visita a Cuba será su encuentro con Raúl Castro. El Papa verá al menor de los hermanos Castro el domingo por la tarde.
El décimo viaje al extranjero de Francisco es al mismo tiempo el primero que hace a Norteamérica tras estaciones en lugares que él mismo denominó como "periferias". Con EE.UU., el "papa de los pobres" eligió esta vez el mismo centro del poder mundial.
| Agencia DPA |


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