- ámbito
- Edición Impresa
Un inicio importante, pero lleno de promesas y casilleros en blanco
Los observadores destacaron que no se presentaron calendarios ni objetivos precisos. Buena sintonía entre ambos líderes.
Sintonía. Kim Jong-un y Donald Trump se mostraron cercanos en la cumbre de Singapur. Un acuerdo de fondo necesitará más que eso.
"Corea del Norte no prometió nada más de lo que promete desde hace 25 años", comentó Vipin Narang, profesor del Massachusetts Institute of Techonolgy. "A esta altura, no hay ninguna razón para pensar que la cumbre desemboque en algo más concreto en materia de desarme".
Analistas e historiadores creen que hay una chance, pero recuerdan que el régimen de Pyongyang tiene un historial de promesas incumplidas. En 1994 y en 2005 se cerraron acuerdos que nunca se aplicaron.
En la larga y desordenada rueda de prensa posterior, Donald Trump, que dijo que no había dormido "durante 25 horas", afirmó sin más precisiones que la desnuclearización será sometida a verificaciones y que las sanciones contra Corea del Norte seguirán vigentes mientras persista la "amenaza" de las armas atómicas.
Trump anunció que Corea del Norte destruirá una instalación de ensayos de motores de misiles y él hizo una importante concesión, anunciando que pondrá fin a las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur.
Corea del Norte exigía desde hace años la suspensión de esas maniobras, calificadas de "provocación" y fuente de tensiones recurrentes.
Esta reunión, la primera entre un presidente estadounidense en activo y un líder norcoreano, estuvo marcada por apretones de manos y sonrisas, algo inimaginable hace tan sólo unos meses, cuando ambos cruzaban amenazas e insultos.
Kim Jong-un dijo haber "pasado la página" salvando "numerosos obstáculos" para llegar a un encuentro que es "un buen preludio para la paz". Trump, por su parte, aseguró haber creado "un vínculo especial" con el número uno norcoreano, que dirige el país con mano de hierro como su padre y su abuelo.
Sonriente, Trump estimó que esta reunión "realmente fantástica" transcurrió "mejor de lo que nadie había esperado" y permitió hacer "muchos progresos".
El republicano multiplicó las muestras de afecto y elogió a Kim, calificándolo de "muy talentoso" y de "muy buen negociador".
Trump se declaró además dispuesto a invitar a Kim a la Casa Blanca y no descartó a viajar "llegado el momento" a Pyongyang.
"Es una enorme victoria para Kim Jong-un, que hizo una gran jugada con su cara a cara con el presidente", afirma Michael Kovrig, del International Crisis Group (ICG) en Washington. Su padre y su abuelo "soñaron con ello". "Para Estados Unidos y la comunidad internacional es un punto de partida positivo para negociaciones que serán largas y difíciles", agregó Kovrig.
Trump y Kim se reunieron durante casi cinco horas: primero a solas durante unos 40 minutos y luego en una reunión de trabajo, seguida de un almuerzo con un menú de platos occidentales y asiáticos (cóctel de gambas, cerdo crujiente con salsa agridulce y tarta).
| Agencia AFP |

Dejá tu comentario