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Un lastre para los sueños del reelecto Obama
El viaje de Obama al sudeste asiático, su primera salida al exterior tras su reelección, subraya su determinación de cambiar el eje de la política exterior de Washington hacia los desafíos y oportunidades que presenta el Pacífico, alejándose de Medio Oriente.
No obstante, Obama se vio forzado durante esta gira asiática a mantenerse al tanto de los acontecimientos en Gaza.
Washington ha dejado en claro que atribuye la escalada al movimiento palestino Hamás, insistiendo que Israel tiene derecho a defenderse de los cohetes lanzados desde ese territorio contra objetivos civiles israelíes.
Pero Obama no desea que la violencia se salga de control ni le complique la delicada tarea de reorientar su política hacia la región ante el surgimiento de la «primavera árabe».
«El presidente ha sido informado regularmente», dijo el asesor adjunto de seguridad nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, a los periodistas a bordo del avión presidencial Air Force One, cuando iba de Camboya a Birmania.
Los ataques hebreos en respuesta a los cohetes lanzados por militantes desde Gaza, son los mayores registrados en la Franja desde la ofensiva israelí entre diciembre de 2008 y enero de 2009, que se cobró la vida de 1.400 palestinos.
Cuando asumió en enero de 2009, Obama prometió encarrilar el proceso de paz de Medio Oriente. Dio un célebre discurso en El Cairo en el que extendió la mano al mundo musulmán.
Obama recibió en la Casa Blanca al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en septiembre de 2010.
Pero las conversaciones naufragaron tres meses después, debido a la política israelí de asentamientos en los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967.
Entre tanto, el proceso de paz israelo-palestino se estancó, y la región se sumió en una ola de revueltas que, en algunos casos, llevaron a los islamistas al poder, y en otros, dieron lugar a violentos conflictos. En este proceso, prominentes aliados de Estados Unidos se vieron derrocados.
El más importante de ellos, quizás, haya sido el derrocado presidente egipcio Hosni Mubarak, amigo de Washington y garante de los acuerdos de Camp David.
Su sucesor, Mohamed Mursi, surgió del movimiento islamista Hermanos Musulmanes, del cual Hamás es un retoño.
«La administración reconoce que el Gobierno egipcio está en la mejor posición para mediar un cese al fuego entre Israel y Hamás», dijo Haim Malka, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales. «Están buscando que los egipcios jueguen un papel mayor en la mediación para poner fin a la presente crisis», indicó.
En el Departamento de Estado, la portavoz Victoria Nuland se negó a evaluar si Egipto hacía lo suficiente.
«No creo que ayude abordar los detalles de esas conversaciones o pedir a interlocutores individuales que califiquen cómo va la cosa», dijo.
Jonathan Schanzer, vicepresidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias, considera al conflicto en Gaza como un escenario de guerra entre Irán -cuestionado por su programa nuclear- y Occidente.
«El hecho de que Estados Unidos y muchos países europeos parezcan dar a Israel luz verde para operar en Gaza tiene algo que ver con el hecho de que ahora estamos en una batalla a nivel mundial contra Irán», afirmó.
«Esto se ve en buena medida como parte de un cálculo estratégico de parte de Occidente para decir sí, desháganse de los núcleos iraníes dentro de Gaza y dejen en claro que Irán no puede operar allí.»
A nivel interno, un 59% de los estadounidenses apoya a Israel, contra el 13% que está alineado con los palestinos, según una encuesta de CNN-ORC International.
Agencia AFP


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