12 de marzo 2009 - 00:00

Un paso inevitable en un mundo que cambió

Cuando en 1966 fueron desmanteladas las bases norteamericanas en el territorio francés y el país cambió su estatus en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el entonces presidente, Charles de Gaulle, buscó objetivos estratégicos que se convirtieron luego en políticas de Estado: mayor autonomía en la política de defensa y desarrollo nuclear propio, tanto energético como bélico, sin dependencia de EE.UU.
Aquella decisión del mítico general, que alimentó el orgullo de la política exterior francesa tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, le valió a París el resquemor de Washington. «¿También quieren que nos llevemos a nuestros soldados enterrados en Normandía?», ironizó el entonces secretario de Estado norteamericano, Dean Rusk, según recordaba ayer el analista Lluis Bassets en el diario El País de Madrid.
Claro que la demostración de independencia de Francia en un mundo que profundizaba a fines de los 60 la bipolaridad debe entenderse desde un plano más bien simbólico. En cualquier caso, Francia quedó como uno de los principales países de Occidente, al punto que siguió siendo miembro formal de la OTAN.
Lógicamente, De Gaulle cedió la localización de los cuarteles generales de la organización, que estaban en París y se mudaron a Bruselas.
Desde entonces, Francia siguió participando con sus efectivos de operaciones de la OTAN. Entre las últimas se cuentan las de Bosnia, Kosovo y Afganistán, en las que estuvieron involucradas decenas de miles de soldados franceses. En Bosnia permanece un remanente de 450 efectivos; en Kosovo, 1.600; y en Afganistán, 2.800.
Críticas
Nicolas Sarkozy ya había dejado saber que pronto cambiaría el rol de su país en la OTAN. A costa de recibir críticas de nacionalistas e izquierdistas por volver a «la tutela de EE.UU.», el mandatario francés cuestionó en varias oportunidades que Francia haya aportado soldados, algunos de los cuales murieron, sin tener protagonismo en las decisiones estratégicas del bloque.
Francia se reintegra ahora a los comités de Planes de Defensa, dedicado al análisis estratégico, y de Grupos de Planes Nucleares, de información y consulta sobre esa área. Además, centenares de militares franceses pasarán a ocupar puestos de mando, que deberán ser desocupados por dos de los países «amigos-rivales»: Gran Bretaña y Alemania.
En momentos de crisis energética y desafíos globales, el retorno de Francia a la OTAN debe leerse también desde el punto de vista estratégico. En 2010 será renovado el Tratado de No Proliferación Nuclear. Como uno de los principales proliferadores, Francia no puede afrontar las negociaciones aislado, en un mundo que ya no es el de 1966.

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