9 de julio 2012 - 00:00

Un personaje que los chiquitos veneran

Con Agustina Vera como amable anfitriona, Bubba y sus amigos consiguen el milagro de mantener en sus butacas a chiquitos de uno a cinco años, y a los padres en paz.
Con Agustina Vera como amable anfitriona, Bubba y sus amigos consiguen el milagro de mantener en sus butacas a chiquitos de uno a cinco años, y a los padres en paz.
«Bubba descubre la granja» de C. Micha. Dir.: J. Muñoz. Int.: A. Vera y elenco. Mús.: P. Duchovny. Luces: M. Cuervo. Coreog.: J. Muñoz (Teatro Metropolitan 1).

Cuando un niño de 1 a 5 años sigue con atención un espectáculo infantil es porque encuentra en el escenario a su personaje favorito y ya conoce buena parte de su cancionero. Aquí, la figura convocante es Bubba, un monito surgido de una colección de videos educativos que ayudan a los más pequeños a conectarse con el mundo mediante juegos y canciones que hablan de los colores, las partes del cuerpo, los transportes y la comida, entre otros temas.

Tanto Bubba como su banda de amigos: el perro Jack, la rana Yulie (sic), la cerdita Maggie, la vaca Lila han sido desarrollados por Roberto Docampo, integrante y docente del Grupo de Titiriteros del Teatro General San Martín. Pero, en su pasaje a la escena dejaron de ser títeres -de varilla y de mano- y se han transformado en botargas para poder albergar en su interior a un actor-bailarín. De esta manera, los muñecos interactúan de igual a igual con su cordial anfitriona, Agustina Vera (de recordada actuación en «Hairspray» y «High School Musical») y bailan con ella a todo ritmo.

La visita de Bubba a la granja propicia el encuentro entre amigos y da pie a una serie de descubrimientos y pequeños enredos que hacen que la acción no pierda interés ni dinamismo, pese a la simpleza de cada cuadro.

Las canciones describen cuestiones bien básicas: el gallo que no puede despertarse; un paseo en tractor; la vaca que juega a la escondida; una cerdita en plan maternal; la vida cotidiana del caballo y la oveja (con sus respectivas utilidades) y demás.

Aunque las letras no tengan un gran vuelo lírico, al menos transmiten conceptos claros y útiles. Gracias a sus melodías pegadizas y al cuidadoso diseño visual que las respalda (con proyecciones y trucos digitales en una gran pantalla) resulta inevitable hacer palmas o corear los estribillos de cada canción. Sobre todo, en el simpático rap de las verduras charlatanas o en el duelo entre la leche y el chocolate. Estos y otros temas proceden de diversos DVDs, pero bien vale su inclusión en este paseo por la granja, para enriquecer la combinatoria de contenidos.

En brazos de algún adulto u ocupando su propia butaca, los más chiquitos siguen a Bubba con veneración. Y los padres también disfrutan de no tener que perseguirlos por los pasillos.

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