El mercado financiero se alimenta de noticias, lo que le da un lugar central a la prensa cuyo deber es informar aquello que pueda beneficiar o perjudicar a los inversores, intermediarios y tomadores de dinero. Esto implica muchas veces proyectar eventos plausibles, en base a opiniones ajenas o propias, pero siempre sujetas a una crítica que revele los intereses y conflictos que subyacen esas proyecciones. La violación de estos principios es lo que vulgarmente se conoce como "sell smoke and mirrors" (en español "vender pescado podrido"). El problema con estas noticias falsas es que no son inocuas. Ante ellas el número de inversores tiende a disminuir, ya que se vuelve necesario procesar y corroborar cada noticia antes de tomar una decisión (False News, Informational Efficiency and Price Reversals,, J.Dugast & T Foucault, 2014) y su efecto y contagio sobre los precios puede ser persistente (The persistent effects of a false news shock, C.Carvalho et.al., 2011). La reciente colocación de bonos soberanos argentinos es un claro ejemplo de esto. Al aparecer los primeros rumores sobre las intenciones de ese gobierno de colocar deuda, como señal de alerta comentamos en nuestra columna del 19 del mes pasado las inmensas dificultades de Rusia y Grecia para colocar deuda, y volvimos sobre ello en la columna del jueves último, alertando cada vez que pudimos sobre lo que percibíamos como un incremento "del valor del riesgo", especialmente en los márgenes del mercado -donde está la Argentina-. Es cierto que con el 1,79% que cedió el viernes (cerró en 17.280,83 puntos) el Dow experimentó la mayor baja semanal en poco más de tres años al retroceder un 3,78% y la tasa a 10 años la mayor baja desde junio de 2012 (el petróleo cedió el 9,07%), pero ambos valores son apenas mayores a los de la semana del 17 de octubre último y absolutamente normales y previsibles. Culpar o vincular a las condiciones del mercado por el fracaso de esa colocación, sólo es una muestra de ignorancia o mala fe. Lo mismo fue "pre-venderlo" como un éxito y anunciar/sugerir que se recibirían ofertas por u$s 1.000 o u$s 1.500 millones.
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