En todo el concierto global aparecieron causas promoviendo que operadores y -por extensión- los medidores de mercado entregarán uno de los mayores "plomos" de 2014. En el exterior, lo que sucede con Irak dicen que mantuvo al Dow Jones en suspenso, copiado en gran medida por los de Europa.
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Sin nada relevante para poder imitar, Buenos Aires estuvo atado a su propio amarre, la incógnita acerca de qué posición tomará la Corte Suprema de los Estados Unidos respecto del tan polémico asunto de los bonos. Es también probable que exista alguna estrategia "todoterreno" entre los operadores y "punteros" mediáticos para recibir como "favorable" cualquier decisión que se produzca.
Por de pronto, la cuarta fecha -inmersa ya en el Mundial- resultó una tediosa puesta en escena para culminar en la nada absoluta. El Merval amagó con un repunte hasta el máximo de 8.137, también se le aflojaron las piernas para aterrizar en sólo 8.042. Y finalmente volviendo a la base de donde hubo partido -8.060 de cierre, con sólo un 0,2% de diferencia adversa-, el índice Bolsa general, en misma tónica y un 0,13% de merma. Con 22 papeles con aumentos contra 36 en descenso, lo más notable pasó por negocios que se desinflaron hasta solamente reunir 124 millones de pesos de efectivo (más de $ 100 millones, por debajo de las ruedas fragorosas recientes). Esto evidenció una doble posición de achatamiento, tanto en compradores cuanto en una más modesta oferta.
La huella, acerca de que nadie se vio en situación de "jugarse" a un resultado del fallo (y quedando sepultada la idea de mercado netamente "optimista"). A cambio, fue un mercado realista y plasmado en las operaciones la falta de noticias y la ausencia, hasta de versiones. Todos esperando, rueda que se hizo insufrible, salvo casos personales donde se pudo evadir la modorra. La Bolsa, en trance.
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