14 de octubre 2010 - 00:00

Un raro thriller existencialista

Por alguna razón, el director de «El ocaso de un asesino» evitó cualquier atisbo de suspenso en un film cuyo estilo recuerda películas de los 70, como «El pasajero», de Michelangelo Antonioni.
Por alguna razón, el director de «El ocaso de un asesino» evitó cualquier atisbo de suspenso en un film cuyo estilo recuerda películas de los 70, como «El pasajero», de Michelangelo Antonioni.
«El ocaso de un asesino» (The American, EE.UU., 2010, habl. en inglés). Dir.: A. Corbin. Int.: G. Clooney, I. Björklund, P. Bonaceli, V. Placido.

Empieza como un thriller, y casi se podría decir que termina del mismo modo. Pero en el medio, este «The American» es un thriller al que su director, Anton Corbin, le quitó todo atisbo de suspenso, por motivos que tal vez él solo conozca.

El resultado es un film más raro que realmente bueno, ya que las buenas actuaciones y la excelente fotografía no ayudan a completar una historia exacerbadamente minimalista sobre un asesino a sueldo casi obligado a abandonar su profesión.

EL film comienza en Suecia con el asesino protagónico perseguido por dos supuestos cazadores que de algún modo encontraron su pista y van a liquidarlo. El hecho de que alguien pueda dar con su paradero habla de que a este killer se le están pasando algunos detalles por alto, o al menos así lo asegura su contacto, que lo obliga a quedarse semi oculto en un pueblito italiano donde tendrá que aguardar las instrucciones de su último trabajo, «tan fácil que ni tendrá que apretar el gatillo». En efecto, el encargo es prepararle un arma especial a una joven y bella asesina, y en los preparativos para armar dicha arma casi se va el resto de la trama. Los días del asesino semi jubilado transcurren entre charlas con el cura del pueblo (un excelente Paolo Bonaceli) y las visitas a burdeles italianos, donde conoce a una hermosa pupila a la que querría liberar de su vida de prostitución. En el medio, como para que el espectador no olvide que, después de todo, esto era un policial, también hay un nuevo encuentro con los perseguidores del protagonsta, en otra buena escena de acción minuciosamente filmada para evitar el suspenso.

Corbin filmó la tortuosa biografía del cantante de Joy Division en el film «Control» y, antes, se dedicó a diseñar portadas de grupos de rock como U2. Aquí parece tratar de recordar el existencialismo de films de los 70 como «El pasajero» de Antonioni con resultados desparejos, que tal vez entusiasmen más a quienes no conozcan ese tipo de antecedentes de «El ocaso de un asesino».

D.C.

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