25 de mayo 2012 - 00:00

Un renacer turístico en el Egipto de las pirámides

La Esfinge y las Pirámides de Giza, entre las que sobresalen los famosos monumentos de Keops, Kefrén y Micerino (izquierda). El histórico sitio puede recorrerse a lomo de camello (derecha).
La Esfinge y las Pirámides de Giza, entre las que sobresalen los famosos monumentos de Keops, Kefrén y Micerino (izquierda). El histórico sitio puede recorrerse a lomo de camello (derecha).
«Aquel que no ha visto El Cairo, no ha visto el mundo», cuenta el clásico «Las mil y una noches». Esta frase podrá sonar exagerada, pero es que esta ciudad, considerada la cuna de la civilización, guarda miles de secretos arcaicos que la convierten hoy en uno de los puntos más atractivos de África. Sobre las aguas del río Nilo se alza esta tierra de mitos y culto a los dioses. Caos, leyendas, tesoros arqueológicos y los vestigios de lo que fue la revolución contra el régimen del dictador Hosni Mubarak se fusionan en esta enloquecida metrópoli. Quienes caminen por sus calles deben estar prevenidos de que el respeto por las reglas viales no es prioridad para los egipcios. Prácticamente no existen los semáforos, y las ensordecedoras bocinas retumban en donde hoy rige la ley de la selva. De todas maneras, este clima salvaje, que según cuentan sus habitantes se intensificó tras la primavera árabe, no opaca la magia que ofrece «la madre de todas las ciudades».

A lo largo del tiempo El Cairo no sólo logró seducir a grandes personajes de la antigüedad, desde Julio César a Napoleón Bonaparte, sino que hoy conquista a cualquier amante de la historia. La mayoría de los turistas llegan a Egipto para deleitarse con la única de las siete maravillas del mundo antiguo que hoy sigue en pie: las pirámides de Giza. En todo el territorio egipcio hay un total de 80 pirámides, algunas en ruinas y otras semiescondidas bajo las extensas arenas. Las tres más famosas, Keops, Kefrén y Micerino, son colosales monumentos que se construyeron hace casi 5 mil años como tumbas para los reyes. Contradiciendo al mito popular del historiador griego Herodoto, que divulgó que fueron levantadas por esclavos, los arqueólogos aseguran que los obreros eran simples voluntarios asalariados. En este desierto incrustado dentro de la ciudad también se puede aprovechar para pasear en camello y disfrutar del paisaje dorado repleto de turistas curiosos. Impresiona el tamaño de Keops o «la Gran Pirámide», cuya imponente construcción equivale a un edificio de 45 pisos y que fue hecha con 2 millones de bloques de 2,5 toneladas cada uno. Adentro, los sofocantes pasillos que conducen a la cámara mortuoria del faraón Jofu no son recomendados para claustrofóbicos. Cerca de allí se encuentra la famosa Esfinge de Giza, un enorme monumento con cuerpo de león y rostro humano que, según cuenta la leyenda, hace de guardián de las pirámides.

Otro paseo imperdible en El Cairo es deambular por los rincones del mercado Khan el-Khalili en el barrio islámico. Pasillos inundados de alfombras, artesanías, pañuelos y la clave implícita del regateo hacen que este punto neurálgico sea un lugar sumamente atractivo en el cual sumergirse. El Cairo es noctámbula, así que no hay que preocuparse demasiado por la hora de cierre. Allí se puede participar de una de las ceremonias egipcias más típicas: sentarse en un café a degustar una pipa de agua. Este tabaco aromatizado con toda clase de sabores, frambuesa, manzana, melón y otras frutas cuesta menos de 15 libras egipcias, lo que equivale a unos $ 10. El lugar más popular para disfrutar del narguile es El Fishawy, también conocido como el café de los espejos.

Religión

Con el aroma de la pipa de agua que se cuela en los laberínticos pasillos de los mercados, con los políglotas comerciantes que sofocan con sus intentos de venta y con el río Nilo que corre imponente a lo largo de la ciudad, Egipto impresiona especialmente a quienes nunca antes visitaron un país musulmán. Es que su cotidianidad es completamente diferente de cualquier rincón occidental del mundo, partiendo de que el Corán es para ellos la ley primera. El Cairo está inundado de mezquitas de diferentes estilos arquitectónicos, cada una de ellas con una importancia religiosa, cultural y social muy notable. Cinco veces por día hay desde los minaretes un llamado a la oración que hace un eco incesante en toda la urbe. Esta realidad lleva al visitante a conocer la impresionante Mezquita de Alí, ubicada en la Ciudadela de Saladino. Desde esta imponente construcción de alabastro se puede disfrutar de una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad, al igual que desde la Torre de El Cairo.

El barrio copto es un enclave cristiano dentro de la ciudad musulmana al que también vale la pena ir. Este bello barrio amurallado, construido sobre las ruinas de la antigua Babilonia, cuenta con misteriosos pasajes subterráneos que conducen a diversas iglesias y sinagogas. Recorrer esta fortificación implica conocer el epicentro del cristianismo ortodoxo egipcio. Allí se debe visitar la Iglesia Colgante de Santa María, el templo cristiano más antiguo de la ciudad.

Por último, el Museo Egipcio de El Cairo, dedicado por completo al Egipto faraónico, cuenta con más de 120 mil objetos. Tiene piezas que impresionan, como algunos de los 1.700 tesoros hallados en la tumba de Tutankamón. El más conocido de ellos es la famosa máscara de oro del faraón niño. Con el paso del tiempo la colección del museo probablemente siga creciendo; es que los hallazgos arqueológicos en Egipto parecen no tener fin.

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