21 de octubre 2013 - 00:00

Un tesoro para la economía (y para la política)

Brasilia - El mayor campo petrolero descubierto en la historia de Brasil, el megayacimiento de Libra, concentra la expectativa de la presidenta Dilma Rousseff, quien movilizó a sus principales ministros para asegurar el éxito de la licitación que se realizará a un año de las elecciones.

Fuentes del Gobierno revelaron que Rousseff supervisó en persona los últimos detalles sobre el evento, en un hotel del oeste de Río de Janeiro, y hasta evaluó participar del mismo, porque apuesta a que será "uno de los triunfos" que podrá presentar en su campaña por la reelección, informó la periodista Renata Lo Prete, de la cadena Globo. La convocatoria a empresas nacionales y extranjeras para explotar el gigantesco campo petrolífero de Libra, con reservas estimadas en 12.000 millones de barriles, lleva el sello de Rousseff, exministra de Minas y Energía durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010).

Libra, situado en aguas ultraprofundas de la Cuenca de Santos, frente a las costas de Río de Janeiro, será subastado en los términos de la Ley 12.531, de 2010, cuya redacción estuvo supervisada por Rousseff y que establece que, sea cual fuere la empresa vencedora, ésta deberá operar junto a la estatal Petrobras y a la recién creada Presal Petróleo, también del Estado.

La Ley 12.531 determina un régimen de explotación especial para las regiones petrolíferas descubiertas desde 2007, en un área geológica llamada "presal", a más de 5.000 metros de profundidad, y que convertirán a Brasil en una nueva potencia energética ya que en esos yacimientos se acumulan más de 50.000 millones de barriles.

Esa normativa significó un cambio significativo sobre el régimen anterior, de concesión, en el cual la compañía vencedora no se sujetaba a ninguna instrucción del Estado.

El ministro de Hacienda, Guido Mantega, aseguró la empresa vencedora, entre las once que se presentarán hoy, invertirá alrededor de 180.000 millones de dólares en los próximos 35 años y que podrán ser extraídos alrededor de 1 millón de barriles diarios, o sea casi el 50% de la producción total del país en la actualidad. Estos números de largo plazo no son los que, en la visión del Gobierno, traerán rédito político a Rousseff en las elecciones de octubre de 2014.

La apuesta de los aliados de Dilma está en los números inmediatos, como los 7.000 millones de dólares que el Gobierno recibirá de la compañía vencedora y los 55.000 millones de dólares que se cobrarán en la próxima década en concepto de royalties, un 75% de los cuales irá a educación.

"Esto es electoralismo puro", cuestionaron dirigentes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), la principal fuerza opositora al Gobierno.

La subasta de hoy será, asimismo, un caso testigo, observado con igual atención por el Gobierno, los empresarios y los sindicatos. Es que será el primer llamado a licitación bajo los términos de la Ley 12.531, que para algunos empresarios es "intervencionista" y restringe la capacidad de decisión de la petrolera vencedora, al imponer varias condiciones y obligarla a entregar parte del crudo al Estado.

El consultor Adriano Pires afirmó que este modelo instituido por Rousseff va a contramano de lo que propone el mercado y sostuvo que fue por esa razón que grandes multinacionales como Exxon y Chevron no presentaron sus pliegos al concurso. El Gobierno también recibió críticas airadas de la poderosa Federación Única de Petroleros (FUP), la que inició a una huelga por tiempo indeterminado el jueves último.

"En lugar de llamar a las multinacionales, el Gobierno podría haber optado por entregar a Libra a Petrobras", declaró Joao Antonio de Moraes, coordinador de la FUP.

Miembros de la FUP y de otras organizaciones como los campesinos sin tierra marcharon el jueves en Río de Janeiro y San Pablo, ocuparon el Ministerio de Minas y Energía en Brasilia, y harán hoy nuevas protestas.

Agencia ANSA

Dejá tu comentario