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Un thriller rural que convoca a los fantasmas regionales
“Una casa junto al tragadero” sedujo a un jurado compuesto, entre otros, por celebridades como Juan Marsé y Almudena Grandes.
Quirós. “Creo que ese jurado hizo una lectura que descartó fórmulas, que lo fantástico no los llevó a Borges ni al realismo mágico”.
M. Q.: He sido jurado en concursos y sé que hay mucho de azar que entra en juego. Puedo decir que he sido finalista en los concursos en que me presenté, luego en la definición final interviene la suerte. En algún tiempo tuve vergüenza de ganar concursos, sentía que eso se llevaba mal con la idea de la literatura. Roberto Bolaño, en esos consejos que daba al pasar al escritor desahuciado, estaba el que participara en concursos literarios, que es la supervivencia de quien se elige escritor. Yo, que publiqué todos mis libros gracias a concursos, daría el mismo consejo. Bolaño es maradoniano, tiene la perfección de la jugada inolvidable de "Estrella dístante" y la desmesura de sentir que podía hacerlo todo, atreverse a todo, desde la brillantez a los errores de "Los detective salvajes" o "2666". Me gustaría poder tener alguna vez esa sensación maradoniana, bolañiana.
P.: ¿No cree que ese nuevo premio internacional le está dando ese permiso?
M. Q.: Fue estimulante recibirlo de autores como Juan Marsé, el de "Si te dicen que caí", el de "Últimas tardes con Teresa", al que Bolaño con agradecimiento lo hace un querible personaje de "Detectives salvajes", ese Marsé que es un faro para Vila-Matas. Y Almudena Grandes, la de "Las edades de Lulú", esa literatura erótica que ya no se escribe más, erótica en serio; ahora ella se ha consagrado en la novela histórica. Creo que ese jurado de españoles hizo una lectura que descartó fórmulas, que lo fantástico en el relato no los llevó a pensar ni en Borges ni en el realismo mágico.
P.: Podrían haber pensado en una mezcla de Horacio Quiroga con Juan Carlos Onetti.
M. Q.: Ojalá. Bueno, hay entre nosotros autores que están trabajando en una línea similar a la mía, como Luciano Lamberti o Mariana Enriquez, donde el terror, lo fantástico, lo gótico, deja de lado cualquier referencia a lo mágico a través de una narración marcadamente urbana. El escenario es literariamente deformado. A mi me interesó cómo, a medida que el Mudo avanzaba en el monte, en ese pueblo, su lenguaje se iba haciendo más tosco, y esa tosquedad se fuera llenado de poesía, que no fuera un mero primitivismo del habla sino una apertura a otros sentidos.
P.: ¿En qué está trabajando ahora?
M. Q.: Venía escribiendo una novela, pero el año pasado me instalé en Buenos Aires y eso me distorsionó un poco los tiempos y hasta mi propia disposición física, así que me las amañé escribiendo cuentos. Tengo ya un libro de cuentos que está en plan de corrección y publicación. Ahora estoy volviendo a la novela, que está en el mismo territorio de siempre, aunque me he corrido un poco más hacia el Paraguay.


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