6 de diciembre 2017 - 00:00

Un thriller rural que convoca a los fantasmas regionales

“Una casa junto al tragadero” sedujo a un jurado compuesto, entre otros, por celebridades como Juan Marsé y Almudena Grandes.

Quirós. “Creo que ese jurado hizo una lectura que descartó fórmulas, que lo fantástico no los llevó a Borges ni al realismo mágico”.
Quirós. “Creo que ese jurado hizo una lectura que descartó fórmulas, que lo fantástico no los llevó a Borges ni al realismo mágico”.
"La fuerza del relato de la supervivencia de un hombre en medio de la naturaleza hostil, y una sucesión de acechanzas y peligros" hizo que el jurado compuesto por Juan Marsé, Almudena Grandes, Antonio Orejudo, Daniel Ruiz y Juan Cerezo otorgara el XIII Premio Tusquets de Novela a "Una casa junto al tragadero", del argentino Mariano Quirós. El chaqueño Quirós se dedica a coleccionar premios literarios: los ha conquistado con sus novelas "Robles", "Torrente", "Río Negro", "Tanto correr", "No llores hombre duro", los libros de cuentos "La luz mala dentro de mí" y "Cuatro perras noches". Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo concibió este thriller rural?

Mariano Quirós: Mi intención inicial fue escribir una novela de terror. Quizá para el lado de Stephen King pero con los elementos regionales que yo tengo incorporados. Una literatura regional atravesada por la literatura que a mí me gusta. Tengo una vida urbana y me resulta chocante cualquier exotismo, pero es de mis orígenes, de mi cercanía con ese monte, con ese paisaje que describo, que surge el clima de la novela. Un clima que podría relacionar con el gótico sureño estadounidense. El paisaje chaqueño tiene muchas características que lo asemejan a ese sur contado por Faulkner, Carson McCullers, Truman Capote, Cormac McCarthy. Y eso se puede traspolar, algo que ya han hecho Mempo Giardinelli, Miguel Ángel Molfino, el entrerriano-formoseño Orlando Van Bredam, escritores que toman el paisaje como escenario y lo atraviesan de literatura, descartando cualquier regionalismo.

P.: Un Mudo que no es mudo y que cuenta su huida de Resistencia, una muerta que es una bruja y un fantasma, un río que es un tragadero, matar monos para alimentarse con ellos, una Fundación Vida Silvestre persecutoria, ¿cómo encadenó esos hechos?

M. Q.: Fue complicado. Fueron saltos al vacío. La muerte de un mono y la mujer misteriosa que aparece sin vida en la casa fueron disparadores de la historia que fui construyendo párrafo a párrafo, y cada párrafo fue una peripecia. Al Mudo le pasan cosas físicamente. Su empeño por no hablar hace que surjan historias a su alrededor, las que cuenta el almacenero Insúa, las ideas que se hace sobre él Soria, el otro vecino. Su negación a contar nada, acaso con la intención de desprenderse de lo que fue su vida, lo lleva a resignarse que piensen que es un retrasado, un brujo, un pervertido; a que crean lo que quieran. Ahí está Insúa, el almacenero, charlatán buscavidas al que parecen interesarle sólo las cosas más perturbadoras del pueblo, que son las que le cuenta al Mudo, ese Mudo que pareciera habla a través de Insúa.

P.: Ha construido su carrera de escritor sobre la base de concursos. Lleva siete libros, cada uno representa un concurso al que se presentó y ganó.

M. Q.: He sido jurado en concursos y sé que hay mucho de azar que entra en juego. Puedo decir que he sido finalista en los concursos en que me presenté, luego en la definición final interviene la suerte. En algún tiempo tuve vergüenza de ganar concursos, sentía que eso se llevaba mal con la idea de la literatura. Roberto Bolaño, en esos consejos que daba al pasar al escritor desahuciado, estaba el que participara en concursos literarios, que es la supervivencia de quien se elige escritor. Yo, que publiqué todos mis libros gracias a concursos, daría el mismo consejo. Bolaño es maradoniano, tiene la perfección de la jugada inolvidable de "Estrella dístante" y la desmesura de sentir que podía hacerlo todo, atreverse a todo, desde la brillantez a los errores de "Los detective salvajes" o "2666". Me gustaría poder tener alguna vez esa sensación maradoniana, bolañiana.

P.: ¿No cree que ese nuevo premio internacional le está dando ese permiso?

M. Q.: Fue estimulante recibirlo de autores como Juan Marsé, el de "Si te dicen que caí", el de "Últimas tardes con Teresa", al que Bolaño con agradecimiento lo hace un querible personaje de "Detectives salvajes", ese Marsé que es un faro para Vila-Matas. Y Almudena Grandes, la de "Las edades de Lulú", esa literatura erótica que ya no se escribe más, erótica en serio; ahora ella se ha consagrado en la novela histórica. Creo que ese jurado de españoles hizo una lectura que descartó fórmulas, que lo fantástico en el relato no los llevó a pensar ni en Borges ni en el realismo mágico.

P.: Podrían haber pensado en una mezcla de Horacio Quiroga con Juan Carlos Onetti.

M. Q.: Ojalá. Bueno, hay entre nosotros autores que están trabajando en una línea similar a la mía, como Luciano Lamberti o Mariana Enriquez, donde el terror, lo fantástico, lo gótico, deja de lado cualquier referencia a lo mágico a través de una narración marcadamente urbana. El escenario es literariamente deformado. A mi me interesó cómo, a medida que el Mudo avanzaba en el monte, en ese pueblo, su lenguaje se iba haciendo más tosco, y esa tosquedad se fuera llenado de poesía, que no fuera un mero primitivismo del habla sino una apertura a otros sentidos.

P.: ¿En qué está trabajando ahora?

M. Q.: Venía escribiendo una novela, pero el año pasado me instalé en Buenos Aires y eso me distorsionó un poco los tiempos y hasta mi propia disposición física, así que me las amañé escribiendo cuentos. Tengo ya un libro de cuentos que está en plan de corrección y publicación. Ahora estoy volviendo a la novela, que está en el mismo territorio de siempre, aunque me he corrido un poco más hacia el Paraguay.

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