26 de septiembre 2014 - 00:00

Un traje a medida para cada ambiente

Un traje a medida para cada ambiente
 La producción ganadera vacuna en la Patagonia norte dejó de ser una quimera para convertirse en una realidad tangible desde hace varias décadas. Sin embargo, siempre hay espacio para mejorar y, los productores que así lo desean, pueden optimizar la producción para obtener más ganancia en kilos de carne a partir del aprovechamiento de los recursos naturales que ofrece la región del Valle Inferior del Río Negro, de la mano de profesionales como los técnicos del INTA.

Las condiciones de ambiente que ofrecen los valles irrigados norpatagónicos permiten diversificar la producción de forrajes y, en función del modelo productivo que se elija, es posible programar una cadena forrajera que cubra los requerimientos de los animales durante el ciclo productivo planificado. Los modelos de producción se planifican en función del objetivo que se proponga cada productor para convertirse en verdaderos "trajes a medida".

En ese sentido el Grupo de Producción y Utilización de Forrajes de la EEA del INTA Valle Inferior de Río Negro desarrolló diferentes modelos productivos bajo la batuta del ingeniero agrónomo Raúl Barbarossa, que propone diversos modelos para engordar vacunos. Estos son producto de un convenio firmado entre el INTA y el Gobierno de Río Negro.

A modo ilustrativo, las opciones de acuerdo a los objetivos de la explotación pueden ser: realizar una invernada corta de vaquillonas, con animales que ingresan al período de engorde con 200 kg/ca y salen del ciclo con 339 kg/ca; o una invernada corta de novillos con suplementación estratégica en otoño, con vacunos que llegan al sistema con 250 kg/ca y salen con 330 kg/ca en enero.

Entre otras alternativas se diseñó un modelo que propone una invernada larga de novillo con suplementación estratégica en otoño, donde se terminan terneros que llegan en mayo con 150 kilos y salen del ciclo en abril del año siguiente con 382 kilos.

Pero a título ilustrativo se eligió el caso de "invernada larga de novillos con silaje de maíz y verdeos de invierno en doble cultivo", que permitió llevar terneros de 160 kilos a novillos de 429 kilos por cabeza en un período de engorde de 365 días, con un manejo eficiente de las pasturas, los verdeos de invierno y del silo de maíz.

"Es posible incrementar los niveles de producción actual en el corto plazo, pero es necesario revisar continuamente el negocio. Hay dos factores que son los determinantes del éxito empresario: por un lado el precio de compra del ternero y, por el otro, el costo de producción del ganado gordo", contó Barbarossa a Ámbito del Campo.

La iniciativa aparece como un modelo interesante para el productor invernador que forma parte de la cadena de la carne, en el tramo de recría y terminación de hacienda, que tiene como destino la faena y desarrolla su actividad en los valles irrigados. Otro detalle que es no perder de vista "el monitoreo continuo del costo real de los alimentos y su combinación en cadenas alimentarias, una condición prioritaria para que los márgenes de rentabilidad del capital invertido permitan mantener explotaciones estables", recomendó el profesional.

Innovación

Para alcanzar estos resultados, comentó Barbarossa, se trabaja continuamente en la búsqueda de nuevas alternativas, evaluando el comportamiento y rendimiento de distintas especies de pasturas, verdeos y sus variedades, la distribución de la producción estacional, su calidad y la respuesta a la fertilización, entre otros factores que controlan la producción de pasto.

A diferencia de otros modelos desarrollados por los técnicos de este grupo de investigación, esta experiencia incluyó una verdadera innovación tecnológica: la producción de dos cultivos en un año en la misma superficie.

Ésta se basó en dos producciones sucesivas en el mismo ciclo anual al implantar en siembra directa (SD), un cultivo de maíz y un verdeo de invierno. El maíz se ensiló y comenzó a consumirse a partir de los primeros días de mayo, mientras que el verdeo de invierno, sembrado sobre el rastrojo de maíz quedó disponible para el primer pastoreo a partir de mediados de junio.

En forma paralela los profesionales desarrollaron ensayos en cadenas forrajeras, secuencia de cultivos, modalidades de conservación del forraje y alternativas del uso de granos y suplementos. Éstas permiten planificar cadenas forrajeras para utilizarlas en una gran diversidad de sistemas productivos de carne de valles irrigados de la norpatagonia.

"El costo de producir forrajes y granos es el principal componente de la producción del ganado y, por ende, la rentabilidad del negocio depende de producir forrajes y granos a bajo costo y de transformarlos eficientemente en carne, reduciendo al mínimo las pérdidas de alimento", apuntó Barbarossa.

Estrategias

De acuerdo con este modelo, los terneros ingresan al período de invernada con un peso promedio de 160 kilos, se realiza la rutina sanitaria y, al cabo del ciclo completo, salen a la venta como novillos con 429 kilos en pie.

Este es un motivo más que suficiente para engordar ganado vacuno sobre la base de pasturas, verdeos y silo de maíz, con una carga animal de seis cabezas por hectárea y una ganancia de 0,776 de kilo por día en las regiones irrigadas del Bajo Valle de Río Negro.

Números que mandan

El planteo técnico consistió en entregar a los vacunos desde su ingreso al sistema un 67,4% de pasturas consociadas sobre la base de alfalfa, un 7,2% de verdeos de invierno; 19,5% de silaje de maíz; y grano de cebada comprado, 5,9%.

La carga animal por hectárea, al ingreso del lote, fue calculada en 6 cabezas con un promedio de 1.920 kilos en total y una ganancia diaria de 0,776 kg/cab/día, con un ciclo total estimado en 365 días.

Las compras anuales fueron estimadas en 960 kg/ha. Al concluir el ciclo se obtuvieron 2.524 kg/ha. La producción anual de carne se ubicó en 1.564 kg/ha, descontado el peso tomado al ingreso de los vacunos.

Los terneros se compraron, de acuerdo con el Modelo, a un promedio de u$s 2.868 y el precio de venta por kilo vivo de novillo se ubicó en u$s 2.319. Las ventas totalizaron u$s 5.852 y, deducidos todos los gastos (por compra, por venta y otras compras), el ingreso neto quedó en u$s 2.782.

Al considerar los costos directos que en el modelo sumaron u$s 1.179, por lo tanto el margen bruto que quedó para el productor fue de u$s 1.603 por hectárea.

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