5 de marzo 2012 - 00:00

Un triunfo que no despeja acechanzas e incertidumbres

Moscú - Vladimir Putin va a regresar a su puesto de presidente de Rusia, tras cuatro años de paréntesis como primer ministro, pero esta vez deberá hacer frente a una contestación política sin precedentes y al estancamiento económico que amenaza al país, según los expertos.

A priori, todo va bien para el hombre fuerte de Rusia: elegido en primera vuelta para un mandato de seis años, que podría renovar una segunda vez, teóricamente podría permanecer en el Kremlin hasta 2024, lo que lo convertiría en el político con más tiempo en el poder después de Stalin.

No obstante, según los analistas, el mantenimiento en el poder de Putin está esta vez amenazado por un estancamiento de la economía como el que conoció la Unión Soviética en la época de Leonidas Brezniev.

«No es hacia la estabilidad adonde nos dirigimos, sino hacia el estancamiento: la economía no se desarrolla y el sistema no es eficaz», estima el politólogo Alexander Konoválov, del Instituto de Estudios Estratégicos de Moscú.

Una opinión que comparte Mark Urnov, de la Escuela Superior de Economía: «El sistema necesita profundas reformas, políticas y económicas, pero no hay ni los recursos financieros ni los recursos políticos para hacerlo».

Urnov pone como ejemplo la lucha contra la corrupción, una plaga denunciada tanto por Putin como por la oposición, pero el futuro presidente «no puede luchar contra la corrupción». «Eso lo obligaría a actuar contra su entorno. Y como su popularidad desciende, no puede hacer la guerra en su propio bando», argumenta el experto.

Petróleo

Konoválov aseguró que «uno de los principales desafíos a los que se enfrenta Putin es que todo está relacionado con el precio del petróleo.

Si el precio del barril es inferior a los 130 dólares, le será imposible cumplir sus promesas y equilibrar el presupuesto».

En caso de caída del precio del petróleo «no se puede excluir que haya agitación política y violencia», agrega el experto.

En varias ocasiones en los últimos tres meses, decenas de miles de personas se han manifestado en Moscú y en el resto del país para protestar contra el fraude registrado en las legislativas de diciembre, en las que venció el partido en el poder.

Estas manifestaciones siempre fueron pacíficas hasta el momento y no se constataron actos de violencia por parte de los opositores.

Riesgo

La decepción de la población aumentará después de las presidenciales «y la contestación crecerá», según Konoválov, que advierte del riesgo de radicalización de la situación.

«Se puede temer una radicalización no de parte de la oposición, sino de parte de la elite que rodea a Putin, que está nerviosa», asegura Urnov.

En las últimas semanas, los politólogos han aumentado los análisis sobre la posible evolución del régimen tras el regreso de Putin al Kremlin, sin llegar a ponerse de acuerdo: algunos auguran una cierta apertura hacia la oposición, otros un endurecimiento del poder hacia los contestatarios.

Según el analista Yuri Korguniuk, «el poder va a ensayar estrategias diferentes». «Primero tratará de poner presión sobre la oposición. Cuando vea que eso no da resultado, tratará de abrirse. Pero esa apertura no será ventajosa» para él.

La oposición extraparlamentaria que se manifiesta en las calles actualmente es un conjunto heterogéneo y sin un verdadero líder.

«Si el régimen elige la confrontación violenta,

la oposición modificará sin duda sus métodos y sus objetivos de lucha. Y muy probablemente emergerán nuevos líderes más radicales», considera el escritor Boris Akunin, uno de los promotores de las marchas contra Putin en Moscú.

Agencia AFP

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