- ámbito
- Edición Impresa
Una catedral inconclusa, doloroso símbolo de corrupción en Camerún
«Quién sabe dónde están», comentó alargando los brazos el vocero oficial de la Santa Sede, Federico Lombardi, interrogado sobre las especulaciones de la prensa local acerca del caso.
Según la revista Le Cahier, sin embargo, el dinero desaparecido de las cajas de la Iglesia local no debería ser demasiado difícil de ubicar: algún colaborador del arzobispo de Yaoundé, monseñor Simon Victor Tonye Bakot, debe haberse enriquecido a expensas de la diócesis.
La catedral de Notre Dame, una estructura blanca y moderna con techos en ángulo, quedó a medio hacer: no sólo faltan los dos campanarios (de 33 metros de altura) sino también uno de los muros portantes de la parte derecha, los baños, las oficinas y el estacionamiento.
Para la obra se había erogado un millón de euros a comienzos del año pasado, y se preveía que en ocho meses la catedral estaría lista. Pero el pasado 29 de enero el trabajo se interrumpió por falta de fondos.
Algunos analistas subrayan que no es casualidad que Benedicto XVI haya elegido Camerún -país récord en materia de corrupción, según un informe de 2007 de las Naciones Unidas- para recordar que «la Iglesia no es una sociedad perfecta, liberada del pecado original», y llamó a sus responsables locales a un «discernimiento más serio» en materia de «vocaciones sacerdotales».
Más allá de esta polémica, y de la que tiene que ver con el sida en África (ver nota principal), Benedicto XVI también trató temas ligados a la doctrina y la liturgia en el continente, uno de los de más rápida expansión para la Iglesia. El Pontífice pidió a los obispos y curas africanos que prediquen dando ejemplo, para que no haya diferencia entre lo que enseñan y cómo viven; que defiendan a las familias y se opongan al divorcio, y que las exuberantes y alegres celebraciones religiosas africanas no distorsionen la liturgia católica.
Benedicto XVI hizo estas manifestaciones en el discurso que dirigió a los 30 obispos de la Conferencia Episcopal de Camerún. «Estas celebraciones son festivas y alegres, pero es esencial que las mismas no sean un obstáculo, sino un medio, para entrar en diálogo y comunión con Dios», afirmó.
Agencias ANSA y EFE


Dejá tu comentario