Barkley Cove, Carolina del Norte, 1969. Una joven es llevada a juicio, acusada de asesinato. Prácticamente todo el pueblo está en su contra.
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Una chica salvaje, un guion con clisés
Ella es la hija del borracho, la que vive en una barraca al borde del pantano. Sale en su defensa un viejo que alguna vez fue abogado. De a poco se irán conociendo los recuerdos de infancia y adolescencia de esa joven que van definiendo cómo llegó a ser la que ahora está ahí, en el banquillo. Prejuicios, menosprecio, atropellos.
De eso habla esta película de Olivia Newman, basada en la novela de la ecologista Delia Owens. Y como la mayor vocación de Owens siempre ha sido el cuidado de las reservas naturales, es lógico que novela y película también hablen de la belleza y la armonía que reinan en aquel pantano. Se combinan así la crítica social, el elogio de la naturaleza, el melodrama, la intriga policial y la trama judicial. Se lucen el veterano David Strathairn en el estrado, la inglesa Daisy Edgar-Jones en el pantano, la niña Jojo Regina y la directora de fotografía Polly Morgan.
Lástima que, por la cantidad de absurdos, subrayados y clisés viejos, la directora, la productora principal, Reese Witherspoon, habitualmente actriz, y la guionista y adaptadora Lucy Alibar se lucen menos. Raro en Alibar, que años atrás fue partícipe fundamental de esa joyita llamada “La niña del sur salvaje”.
“La chica salvaje” (“Where The Cransdads Sing”, EE.UU., 2022). Dir.: O. Newman. Int.: D. Edgar-Jones, G. Dillahunt, D. Strathairn.


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