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Una Copa Real
El desconsuelo de Lionel Messi. El argentino jugó un partido flojo. Pasó inadvertido en el primer tiempo y en el complemento levantó su nivel, y Barcelona fue superior.
El verdadero Real Madrid de Mourinho se vio en la final de la Copa del Rey. Consciente de que jugando de igual a igual al Barça no es capaz de vencerlo, diseñó un plan basado en la presión al rival. Adelantó unos metros a su equipo en el terreno de juego, para robar más cerca del arco rival y crear mayor peligro de gol. Sufrió en los momentos de dominio rival dando una lección defensiva. Y mató el duelo en la prórroga con un cabezazo a la escuadra de Cristiano Ronaldo tras un gran centro de Ángel Di María.
El Real Madrid jugó sin ninguno de sus nueves. Cuando el técnico portugués, que tanto insistió en la necesidad de un delantero centro en el mercado invernal europeo, disponía ayer de tres en perfecto estado -Gonzalo Higuaín, Karim Benzema y Emmanuel Adebayor-, los sacrificó para situar a Cristiano Ronaldo como referencia ofensiva. Tuvo capacidad de sorpresa sobre Pep Guardiola. La entrada en escena de Mesut Özil cerró el tridente ofensivo con Ángel Di María. La velocidad era el arma. El Real Madrid no quiso elaborar fútbol, sino jugar directo. Hizo daño con balones largos a la espalda de la defensa rival.
Así le ganó a un Barcelona al que superó en el primer tiempo y por el cual fue superado con amplitud en el complemento. En la prórroga, el que prevaleció fue el Madrid y fue el que terminó festejando.


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