29 de abril 2013 - 00:00

¿Una gran coalición para asegurarse de que nada cambie?

Una imagen hasta hace poco tiempo impensada se dio ayer durante la ceremonia de jura del nuevo gabinete italiano: un primer ministro de centroizquierda, Enrico Letta, junto a uno de los políticos más polémicos y allegados a Silvio Berlusconi, el conservador Angelino Alfano, que se hará cargo del estratégico Ministerio del Interior.
Una imagen hasta hace poco tiempo impensada se dio ayer durante la ceremonia de jura del nuevo gabinete italiano: un primer ministro de centroizquierda, Enrico Letta, junto a uno de los políticos más polémicos y allegados a Silvio Berlusconi, el conservador Angelino Alfano, que se hará cargo del estratégico Ministerio del Interior.
Roma - Italia ensaya una gran coalición como salida a la crisis de Gobierno, impulsada por el presidente, Giorgio Napolitano, y con Enrico Letta a la cabeza, quien en tiempo récord consiguió formar un gabinete de 21 ministros.

Por primera vez desde 1947, políticos de izquierda y de derecha gobernarán juntos e intentarán sacar a Italia del atolladero, tanto político como económico.

Durante más de dos meses, el empate en el Parlamento paralizó al país, altamente endeudado y en recesión. Si ahora esa situación se resuelve, será gracias al presidente, de 87 años y reelegido también in extremis. "Éste es el primer intento claro de pacificar Italia", elogió ayer el proyecto de gran coalición de Napolitano y Letta el periódico liberal Corriere della Sera.

Pese a que en las elecciones parlamentarias de febrero uno de cada cuatro italianos votó al movimiento populista Cinco Estrellas (M5S), la agrupación quedó excluida del acuerdo y encabezará la oposición.

Su líder, Beppe Grillo, habla de engaño y estafa, y pronostica a los partidos y al Ejecutivo de Letta una vida breve. En su opinión, la gran coalición deja todo como está y mantiene en el juego a Silvio Berlusconi, quien ha salido ganando y tiene el destino del Gobierno en sus manos.

Pese a todo, el sexagésimo cuarto Gobierno desde la Segunda Guerra Mundial pone varios acentos. Por una parte, Letta se ha librado de los "dinosaurios" de la política italiana. No están ni Silvio Berlusconi ni Massimo D'Alema o el hasta ahora primer ministro Mario Monti.

Por el contrario, hay muchos nombres poco conocidos y un tercio de los dirigentes y tecnócratas son mujeres, como Nunzia De Girolamo, con 37 años, la ministra más joven y que estará a cargo de Agricultura. O también la piragüista de origen alemán Josefa Idem, de 48 años, que será ministra de Igualdad y Deportes. Cécile Kyenge, nacida en Congo y la primera mujer negra en formar parte del gabinete, será ministra de Integración.

Mujeres y jóvenes

Con ello, el Gobierno no solamente tiene un récord de presencia femenina, sino que también es mucho más joven: el promedio baja de 64 a 53 años. El integrante de mayor edad es Fabrizio Saccomanni, de 70 años y hasta ahora presidente del Banco Central.

Como nuevo ministro de Economía y Finanzas, tendrá uno de los puestos más importantes en medio de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) por la crisis económica y de deuda.

También en el sensible sector de las Relaciones Exteriores, Letta apostó por una figura experimentada y reconocida: la excomisaria y eurodiputada Emma Bonino.

Pero en todas las novedades se esconde la famosa frase de la genial novela "Il Gattopardo", de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Todo tiene que cambiar para que nada cambie". Porque aunque parezca que Berlusconi se retira a un segundo plano y llega una nueva generación, el centroderecha y el centroizquierda vuelven a gobernar, aunque esta vez sea juntos.

El objetivo de Napolitano dista además de haber sido alcanzado. Se ha conseguido espantar el fantasma de nuevas elecciones a corto plazo, y es posible que el nuevo Gobierno consiga aplacar a los mercados.

Si Letta obtiene la confianza del Parlamento, podrá comenzar con su difícil tarea. Al igual que el nuevo papa Francisco al otro lado del río Tíber, en su primer acto oficial el primer ministro intentó mostrar un nuevo estilo: todos los ministros llegaron a pie, en taxi o en sus propios vehículos a la ceremonia en el palacio presidencial.

Agencia DPA

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