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Una limpieza dolorosa pero útil
Desde que el 1 de enero Rousseff asumió el cargo reemplazando a su mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, todas las opiniones indicaban que Jobim tenía su cargo perdido. Sólo faltaba ponerle una fecha.
Rousseff le había quitado el control a Jobim de uno de los planes más ambiciosos surgidos en el Gobierno de Lula da Silva, la compra de 36 aviones caza y transferencia de tecnología para la Fuerza Aérea, para la cual compiten la francesa Dassault, la estadounidense Boeing y la sueca Saab.
Jobim, un exjuez de la Corte Suprema, ministro de Justicia de Fernando Henrique Cardoso, también perdió el control de la gestión de los aeropuertos, a tal punto que Rousseff creó la Secretaría de Aviación Civil para sacar a Defensa del juego de poder aéreo.
La tercera cuestión que pudo haber colocado a Jobim frente a Rousseff fue el ímpetu con el que se lanzó desde el 1 de enero el proyecto de la Comisión de la Verdad para esclarecer los crímenes de la dictadura militar.
Jobim estuvo a punto de renunciar en diciembre de 2009, cuando el Gobierno de Lula lanzó el Programa de Derechos Humanos, que incluía la creación de una Comisión de la Verdad, no punitiva, sino investigadora.
Los jefes de las tres Fuerzas Armadas amenazaron con renunciar y abrir una crisis en el Gobierno de Lula si en el texto no se incluía también los hechos violentos realizados por la resistencia al régimen de facto.
Rousseff fue presa política por tres años y víctima de torturas durante 22 días. Los derechos humanos, dijo al asumir, será una de sus banderas de gestión.
Este año, por orden de Rousseff, Jobim mandó al Ejército borrar de su calendario de festejos el 31 de marzo, fecha del golpe que derrocó a Joao Goulart.
Jobim pertenece al Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), y su función al frente de Defensa estuvo marcada por la espectacularidad: aparecía con traje de combate para dar conferencias de prensa y se apoyaba en su gran currículum para incursionar en políticas de Estado como la compra de submarinos, la nueva ley de fronteras y el rearme de la Fuerza Aérea.
«Jobim está en el ministerio a causa de las grandes políticas de defensa, no por su voto», justificó Lula la semana pasada, al desestimar la importancia de la declaración del ministro, que reveló a Folha de Sao Paulo que había votado al opositor José Serra en 2010 y no a Rousseff. «Lula y Dilma lo saben», argumentó Jobim.
«El problema de este país respecto de los militares es que cuando se acabó la dictadura, no hubo transición como en otros países de la región, que investigaron a su manera y debatieron la dictadura y hasta hicieron justicia», dijo Luiza Erundina, diputada socialista que presentó un proyecto para derogar la Ley de Amnistía.
Una Ley de Amnistía aprobada por la propia dictadura en 1979 que fue ratificada por 7 a 2 en abril de 2010 por el Supremo Tribunal Federal, con el aval del abogado del Gobierno de Lula.
Este año, el Gobierno de Rousseff también se pronunció a favor de no tocar la Amnistía.
Considerado un conservador nacionalista, Jobim se permitió algunos deslices de imagen: además de confesar el voto por su amigo Serra, en el cumpleaños 80 del expresidente Cardoso llamó «idiotas» a sus críticos. Todos pensaron lo mismo: que los idiotas eran sus enemigos internos.
«Soy ministro porque me da placer, no quiero ser presidente, no tengo otra carrera política», argumentó.
El martes se reunió con Rousseff para explicar la publicidad del voto a Serra. No le había dicho que había hablado con la revista Piauí.
Allí trató de «debiluchas» a la ministra de Relaciones Institucionales, Ideli Salvatti; y a la jefa de la Casa Civil, Gleisi Hoffman.
Ambas, del PT, son espadas de Rousseff, y claves en el Gobierno tras la caída en mayo del hombre fuerte, Antonio Palocci, por supuesto tráfico de influencias.
En julio Rousseff, «la limpiadora», barrió con 28 funcionarios del Ministerio de Transporte y a su titular, Alfredo Nascimento, por sospechas de corrupción.
Las crisis, según el columnista Ricardo Kotscho, exvocero de Lula, no están haciendo más que elevar la imagen de la presidenta.
Agencia ANSA


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