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Una novela que viaja de la traición al perdón
• DIÁLOGO CON LA NARRADORA CHILENA MARCELA SERRANO SOBRE "LA NOVENA"
El último libro de la autora de “Nosotras que nos queremos tanto” da cuenta de un encuentro improbable en el Chile de la dictadura: un universitario marxista, que huye de la Policía pinochetista, se refugia en la estancia de una viuda millonaria, y entre ambos se establece un fuerte vínculo.
Serrano. “La novela trata de pasiones, de solidaridad, de heroísmo”.
M. S.: ¿Fue su protegido, su amigo, su hijo, su amante? ¿Las tres cosas? ¿Nada de eso? Nunca vamos a saberlo.
P.: ¿No es excesivo ese pudor victoriano de Amelia en los años 80?
M. S.: Pienso en mi madre, mis tías en Chile, y eran así. Mujeres ricas que enviudaron jóvenes, alrededor de los 50 años, y nunca volvieron a tener que ver con un hombre, y eran mujeres regias, estaba fuera de su pensamiento. El quiebre viene con mi generación, la de los sixties, Londres, Mayo del '68 y todo eso...
P.: Sorprende que Miguel, universitario y militante, no tenga más que una actitud controversial con una mujer que se parece a Katharine Hepburn, actriz que solía decir: "Sí obedecés a todas las reglas, te perdés la diversión".
M. S.: Es por la actitud maternal de Amelia, lo protege como a sus hijos. Miguel es un relegado, figura que en la Argentina no existió. Relegado es alguien condenado a vivir en un lugar apartado con prohibición de salir de allí, que debe firmar diariamente en el retén de Carabineros. Fue una disposición de la última etapa de la dictadura.
P.: Amelia sostiene que todos la han traicionado, y si bien se dice que "La novena" es una novela sobre la traición, finalmente trata sobre el perdón.
M. S.: Comencé una novela sobre la traición y terminé escribiendo una novela sobre el perdón. La utilización que hace Miguel de Amelia, de su tierra, para esconder allí las armas, es una traición, sabe que la está comprometiendo. En Chile pasó, eran lo que los militantes llamaban "los ayudistas". Los pobres ayudistas no tenían idea de que lo eran. Como para los militantes el fin justifica los medios eran capaces de hacer las cosas más inmorales con los ayudistas. Es traición porque Amelia lo acogió, por lo que él hizo, y por las consecuencias que tuvo, las torturas físicas que ella sufrió. Miguel no deja nunca de hacer barbaridades. Perdonar es muy duro. Ese es el conflicto que vive Mel, la hija de Amelia, frente a Miguel convertido en empresario exitoso. Hay que perdonar porque si no, el peso es demasiado grande y esto lo llevo hasta a razones políticas.
P.: ¿Durante la dictadura secuestraron y torturaran a mujeres de clase alta?
M.S.: Lo hicieron sólo en casos con cosas muy ultra. Le pasó a mi amiga Marcia, periodista famosa, mujer de clase alta. Nadie pensaba que la iban a tocar, pero la tocaron porque estaba relacionada con los miristas, con el MIR. A la derecha tradicional, que estaba con Pinochet, no le gustaban estas cosas, que se metieran con su gente era too much.
P.: Cuando Miguel regresa de su exilio en Londres se sorprende de que en Chile ya no hay pobreza.
M.S.: Cuando empezó a gobernar la Concertación había 5 millones de pobres, de pobres- pobres, y Chile tenía 17 millones de habitantes. La democracia permitió luchar contra las enormes desigualdades que impulsó la dictadura. Todos los planes de la economía se enfocaron en la pobreza dura, y esa pobreza es muy sorprendente, ya no existe. Si yo voy a Chiapas, en México, la veo, y me digo eso ya no sucede entre nosotros. El éxito de la Concertación fue sacar la pobreza dura, que ya es poquísima, la indigencia esta en porcentaje casi inexistente. Fue un giro importante.
P.: ¿Escribió una novela romántica con elementos sociales al estilo de las victorianas?
M.S.: ¿Romántica? De ninguna manera. Trata de pasiones, solidaridad, heroicidad, traición y perdón. Parto de un hecho cierto. Mi madre, que era escritora, en un momento de su vida decidió irse a vivir en la estancia del Valle de Mallarauco, donde ahora vivo yo, que venía de los abuelos de sus abuelos. En mi familia los hombres se dedicaron a perder las tierras y las mujeres a protegerlas, a conservarlas. En esa finca ocurrió algo parecido a lo de mi novela. Llegó un relegado de la dictadura, un exsenador, y ella lo acogió. Empezó a ir a leer y a almorzar, y terminaron muy amigos. Esa parte es cierta. En la novela creo que analizo la valentía de mi madre al proteger a esa persona frente a todo el valle.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
M.S.: Cuando terminé con "La novena", como un recreo, soy licenciada en Grabado por la UCA, empecé a hacer collages, había hecho grabados, instalaciones, videoarte, pero nunca collages, y no he podido parar. Liberé a la artista plástica. Surgen ideas de relatos y anoto. La libretita siempre está. Tengo idea de una saga que en su trasfondo recorra etapas de la historia de Chile, de los '50 a hoy, y como siempre, centrada en la amistad entre mujeres.


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