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Una ofensiva final para influir en la campaña electoral
Aún le resta cerrar la última parte de su gran reforma educativa, concretar la elección directa de gobernadores regionales y plantear una reforma a la Constitución heredada de la dictadura.
"Estamos cumpliendo con nuestra palabra ante Chile y también ante el mundo", dijo Bachelet al rubricar el último lunes el proyecto de ley de matrimonio igualitario, dos años después de la entrada en vigencia del Acuerdo de Unión Civil, una de las mayores aspiraciones de las organizaciones sociales que demoró doce años en ver la luz.
Con la popularidad tímidamente en alza -después de haber caído estrepitosamente tras el escándalo de corrupción que salpicó a su familia-, Bachelet volvió a tomar las riendas de la agenda política para tratar de influir en los resultados de la elección del próximo 19 de noviembre.
"Bachelet quiere marcar la agenda meses antes de la elección, de modo de forzar al candidato de la oposición para referirse a algunos temas valóricos y cumplir con la reformas que ella prometió", dice Rodrigo Osorio, analista de la Universidad de Santiago, sobre la batería de proyectos de ley calificados de "improvisados" y de "nulo rigor técnico" por la oposición.
Para Patricio Navia, analista de la Universidad de Nueva York, "Bachelet necesita fortalecer su legado. "Como las reformas educacional y tributaria probablemente se vean obstaculizadas y frenadas por la próxima administración, Bachelet quiere pasar a la historia como la presidenta que despenalizó el aborto e impulsó el matrimonio igualitario", dijo. Y si eso además "ayuda a evitar tener que volver a entregarle la banda presidencial a Piñera, cuanto mejor", agrega Navia.
Sebastián Piñera, un multimillonario empresario al que Bachelet ya le entregó la banda en 2010, lidera cómodamente la carrera presidencial a la que la coalición oficialista acudirá por primera vez con dos candidatos: el periodista Alejandro Guillier y la senadora Carolina Goic. Ello marcaría nuevamente un giro ideológico en la conducción del país que pone en riesgo el futuro de sus reformas.
Piñera ya dijo que no es partidario de la gratuidad universal de la educación comprometida por Bachelet, sino que está a favor de establecer un sistema de becas y créditos. Tampoco tiene ninguna intención de reformar la Constitución de 1981 que impuso Pinochet.
De ahí la premura de Bachelet en sacar adelante las reformas que en su visión "no podían esperar más", o al menos dejarlas avanzadas en el Congreso, que también será renovado en noviembre.
| Agencia AFP |


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