Con el 2,63% que retrocedió el Promedio Industrial al cerrar en 8.280,74 puntos, se perdió toda la suba de mayo y nos anotamos la tercera semana consecutiva de baja (hoy el mercado cierra en celebración del 4 de Julio), algo que no veíamos desde el 6 de marzo pasado.
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Sin lugar a discusión, el catalizador del derrumbe de ayer fue el anuncio que en el último mes se perdieron casi 100.000 puestos de trabajo más que lo que se esperaba, llevando la desocupación al punto más alto de los últimos 25 años. Pero tal vez, lo más importante no fue lo más visible. Así como a algunos lo que más les preocupó fue que el número de horas trabajadas por semana cayera al mínimo desde que se realiza este cómputo (principios de los 60), más que la baja porcentual de los índices lo verdaderamente preocupante puede haber sido la falta de reacción que tuvieron los precios a lo largo de todo el día (en los primeros 10 minutos de operaciones el Dow retrocedió debajo de 8.360 puntos, y nunca más los volvió a sobrepasar) y aún más que esto, el exiguo volumen nego-ciado (733.000 millones de acciones, en una rueda que por "irregularidades del sistema" -intentan reducir el tiempo de ejecución de las órdenes en 100 milisegundos- debió prolongarse 15 minutos más).
Más allá de esto, lo que quedó claro ayer es que la recuperación económica no será "explosiva", algo que tuvieron que factorizar el precio del petróleo al retroceder un 3,7% a u$s 66,69 por barril y los demás commodities que bajaron en promedio un 2,1%. No sorprende entonces que los inversores se lanzaran a buscar refugio en los títulos del Tesoro, cuya tasa a dos años retrocedió al 0,989% (desde principios de mayo que no está debajo del 1%) y la de 10 años al 3,5% y menos aún que el dólar se beneficiara por el reflujo de fondos a los EE.UU.
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