6 de abril 2009 - 00:21

UNA PRIMERA PRUEBA DEL AMOR DE OBAMA

UNA PRIMERA PRUEBA DEL AMOR DE OBAMA
Tras el acuerdo financiero alcanzado con China, el Banco Central está decidido a redoblar la apuesta: conseguir un programa similar con la Reserva Federal norteamericana. El objetivo sería lograr otros u$s 10.000 millones de un crédito contingente, es decir que no es de desembolso inmediato, pero que estaría disponible en caso de una caída de las reservas internacionales.

Ya comenzaron los primeros contactos, por ahora más bien informales, entre las autoridades de ambos países. Fue a mediados de marzo, cuando se reunió en Londres el Foro para la Estabilidad Financiera. Allí confluyeron el presidente del Central, Martín Redrado, y el titular del Tesoro de los Estados Unidos, Tim Geithner. Se trata de viejos conocidos, desde la época en que el primero era titular de la Fed de Nueva York, uno de los custodios de las reservas del Banco Central (de hecho, los fondos buitre consiguieron embargar allí u$s 105 millones, que aún permanecen fuera del alcance de la Argentina).

«Con el acuerdo alcanzado con el Banco Popular de China se abrieron otras oportunidades para conseguir este tipo de líneas contingentes y es lógico que busquemos explorarlas», reconocieron a este diario desde la Casa Rosada.

Brasil, que el año pasado accedió a una línea contingente de la Fed por u$s 30.000 millones, también se entusiasmó con el precontrato firmado por la Argentina. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, manifestó su deseo de firmar un acuerdo similar con los chinos.

La Reserva Federal estadounidense firmó swaps de monedas con cuatro países por u$s 30.000 millones cada uno, en total u$s 120.000 millones: dos de ellos son latinoamericanos, México y Brasil, junto con Corea y Singapur. Sólo uno de ellos, Corea, tiene acuerdos tanto con la Fed como con China.

Conocida la voluntad de la Argentina de acceder a este contrato con la Reserva Federal, ahora resta conocer cuál será la postura de los Estados Unidos. Ya se sabe que el Gobierno norteamericano, al menos durante la gestión de George Bush, hizo hincapié de manera reiterada en la necesidad de que el país debe arreglar la deuda con el Club de París y los holdouts, es decir los bonistas que quedaron fuera del canje de la deuda. No será fácil conseguir un compromiso de crédito (por más que no involucre desembolsos) con estos temas pendientes.

La reacción argentina de explorar la posibilidad de una línea de financiamiento directa con los Estados Unidos también surge por la imposibilidad de acceder a un nuevo crédito del FMI. Fuentes del Gobierno dejaron trascender el fin de semana que no están interesados en volver al Fondo, a pesar de la capitalización del organismo y la mayor flexibilidad crediticia. Claro que resultaría improbable que el Fondo acceda a aprobar un préstamo a la Argentina, ante la imposibilidad del país de cumplir con algunos aspectos que exige la Nueva Línea de Crédito Flexible, por ejemplo transparencia en las estadísticas.

Luego de una fuerte salida de capitales desde el 20 de febrero hasta fin de marzo, que obligaron al Central a vender más de u$s 2.000 millones, en la autoridad monetaria esperan mayor estabilidad del mercado cambiario. El acuerdo con China, que permitiría contar con u$s 10.000 millones adicionales en las reservas, resultó importante para cambiar la visión de los que venían apostando a un aumento mucho más fuerte del tipo de cambio, que llegó a $ 3,74 para bajar a $ 3,72 el viernes.

Además, próximamente el Central recibirá casi u$s 3.000 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG) que automáticamente se contabilizarán en las reservas, que pasarían (de efectuarse ahora) de u$s 46.500 millones a u$s 49.500 millones. En la actualidad, las reservas cuentan con cerca de u$s 500 millones en DEG.

En cuanto al acuerdo con China, este diario pudo averiguar que se incluirá un párrafo que hace referencia a la búsqueda del «fortalecimiento de la actividad económica y comercial entre ambos países».

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