6 de enero 2009 - 00:00

Una sociedad aterrada y en estado de shock

Una sociedad aterrada y en estado de shock
Gaza - Los bombardeos son continuos, los hospitales desbordan de heridos, los niños están conmocionados y las noches de Gaza son heladas en casas con ventanas rotas, pero los habitantes del territorio palestino temen que lo peor todavía esté por llegar.
Después de una semana de ataques aéreos, los disparos de artillería llegan a la Franja de Gaza por tierra y mar. La Ciudad de Gaza, en la que viven más de 500.000 habitantes, está casi rodeada de tanques y carece de agua, electricidad y alimentos.
Las agencias de la ONU -el Programa Alimentario Mundial (PAM) y la Agencia de la ONU para la Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA)- tienen muchas dificultades para distribuir víveres a causa de los combates y los bombardeos.
El territorio está cortado por las tropas israelíes que tomaron posiciones donde antes había una colonia judía en Netzarim, e impiden los desplazamientos entre el norte y el sur del territorio, controlado por el movimiento islamista Hamás desde junio de 2007.
Cuando comienzan las explosiones en las calles vacías, al caos general se unen los gritos y llantos de los niños que se oyen desde las casas palestinas.
«Muchos niños han dejado de comer. Están apáticos y casi no hablan. Están pegados a sus padres día y noche», explica Sajy al Mughani, un trabajador del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). «Los niños viven con miedo a la oscuridad» por la falta de electricidad, añade.
Al igual que muchos habitantes de la Franja de Gaza, un territorio superpoblado con millón y medio de personas hacinadas, Sajy vive en un departamento, en el oeste de la Ciudad de Gaza, cuyos cristales se rompieron por las incesantes explosiones. Las noches son muy frías, dice. «Tenemos que llevar muchas capas de ropa», añade.
En los hospitales de Gaza falta de todo: las urgencias están llenas de heridos y el suelo está cubierto de sangre. Desde el principio de la ofensiva, que ayer entró en su décimo día, han muerto 537 personas, entre ellas numerosos civiles, y más de 2.500 han resultado heridas.
Las amputaciones de heridos se multiplican por la falta de equipos médicos y medicamentos, señalan fuentes hospitalarias. Muchas personas murieron porque no pudieron ser atendidas a tiempo.
Ambulancias
Frente a esta situación, el temor de Sajy es que su mujer, embarazada de nueve meses, no pueda dar a luz en condiciones correctas. «Me preocupa mucho. Es muy difícil conseguir una ambulancia, todas están ocupadas por los heridos», dice.
La mayor parte de los vecinos fueron evacuados de sus edificios para refugiarse en casa de sus allegados en barrios que consideran más seguros. «Nosotros hemos tenido que quedarnos, no sabía qué hacer. He rezado para que mi mujer no dé a luz en estas condiciones», agrega.
Desde hace diez días se repiten los dramas civiles a pesar de las promesas de que el objetivo de Israel sólo son los combatientes de Hamás.
«Lo peor es que no sabemos cuándo entrarán los soldados israelíes en la ciudad. Cuando lo hagan, puede que mueran todavía más civiles», se lamenta Sajy al Mughani.
Agencia AFP

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