“¿Uranio a Irán? Que lo pidan por escrito” (Cristina a Obama, 2010)

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EL ESLABÓN PERDIDO DE LA TRAMA DEL ACUERDO POR AMIA. INEXPLICABLE QUE NO SE HAYA INFORMADO ANTES

 Con haberlo dicho antes, el Gobierno se habría evitado el padecimiento mayor de 2015, el caso Nisman y los reproches al frustrado acuerdo con Irán para investigar el atentado a la AMIA. Pero recién el lunes, en el último discurso ante la ONU, la Presidente reveló el eslabón perdido de esa trama. Destapó el secreto de reuniones mantenidas entre sus funcionarios y los del Gobierno de Barack Obama para darles una mano en la negociación del exitoso acuerdo para frenar la carrera nuclear de Irán, que se cerró entre abril y julio pasado en Lausana, Suiza.

El Gobierno sufrió desde 2012, cuando Cristina de Kirchner anunció en la Asamblea de la ONU que Irán había pedido una reunión para negociar un acercamiento y que ella había autorizado a Héctor Timerman a entrevistarse con el canciller de ese país, una tormenta de críticas sobre los motivos y consecuencias, que alcanzó el paroxismo con la denuncia de Alberto Nisman en enero pasado. En aquella oportunidad, la mandataria habló de un acercamiento de Irán, pero ocultó lo que ahora se sabe: que por lo menos desde 2009 Estados Unidos hablaba con la Argentina de su acuerdo nuclear con ese país.

Cuando la oposición y entidades de la comunidad judeo-argentina criticaron el acuerdo, que duerme hoy en los archivos (el presidente de Irán ni lo mencionó el lunes en su discurso ante la ONU), el Gobierno argumentó que lo hacía con objeto de satisfacer la demanda de familiares de víctimas del atentado de 1994, que el Estado argentino no había satisfecho por la negativa de Irán a permitir la indagatoria de los sospechados por la Justicia.

Esa explicación siempre pareció humana pero insuficiente, más cuando la escalada de críticas subió al punto de que el fiscal Nisman, como se reveló en su denuncia de enero pasado, recogió escuchas de funcionarios y allegados al Gobierno con interpretaciones peregrinas sobre ese acuerdo, como que desataría ventas de granos a Irán -que preexistían- y la compra de petróleo, cuando lo que pueden enviar es gas. Esa denuncia basaba además su relato en una presunta reunión secreta del canciller Timerman con funcionarios iraníes en la ciudad siria de Alepo, algo que no se probó, y que el Gobierno ha negado siempre como una patraña.

La revelación del lunes de la Presidente afirma la presunción, que existió siempre, de que el gesto de acordar con Irán por la AMIA era un intento de hacer jugar a la Argentina en las grandes ligas sentándose a la mesa de Occidente frente a los iraníes. Seis países (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania) por el tema nuclear, y el séptimo, la Argentina, por la AMIA.

Esa percepción fue adelantada por este diario hace dos años en estos términos: "El negocio de la Argentina es ser más acuerdista que nunca con Irán y tratar de apoderarse de una cuota, aunque fuere menor, del gran pacto que se viene. La negociación de China, Rusia y EE.UU. con Irán busca que Teherán permita inspecciones y que admita limitar los desarrollos atómicos a usos no bélicos, como Brasil y la Argentina. Si eso se lograse, el país, insisten esos asesores, podría aportar su experiencia como modelo. De ahí la insistencia de Cristina en la ONU en desarrollos del Invap, empresa que vende al exterior desarrollos nucleares de ese tipo. El país tendría un personaje en esta historia al que hay que escribirle el libreto (...) Si se lograsen acuerdos para un Irán pacífico en lo nuclear y la región libre de armas químicas, habría una efectiva pacificación de la zona y la Argentina podría tener un papel -se ilusionan en el Gobierno- en ese resultado (...) Cortejar hoy a Irán es el must de la política internacional -y en esa línea se quiere anotar el Gobierno" (Ámbito Financiero, 30/IX/2013).

La prehistoria que desenterró la Presidente el lunes en la ONU señala a un personaje central en la trama, Guy Samore, excoordinador de la Casa Blanca para Armas de Destrucción Masiva, Contraterrorismo y Control de Armas de Obama, pero que antes se había desempeñado en la misma área, con otras funciones, en las presidencias de Ronald Reagan y Bill Clinton. Cristina de Kirchner contó que en 2010 le pidió a la Argentina que considerase la posibilidad de venderle uranio enriquecido a Irán si prosperaba una conversación con ese país para limitar el proyecto nuclear.

Samore estaba a cargo de esa tarea desde 2008 y mantenía, desde entonces, relaciones permanentes con el Gobierno argentino. Timerman trabó algo parecido a una amistad con él desde que fue embajador en Washington y por eso cuando Samore vino a la Argentina en agosto de 2009 Timerman viajó a Buenos Aires. No consta que en ese viaje haya hablado del acuerdo con Irán, pero visitó a Aníbal Fernández -jefe de Gabinete- y al vicecanciller Alberto Dalotto en la Cancillería. Hay fotos. En esa gira mantuvo reuniones con Norma Boero, titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Al año siguiente, en septiembre de 2010, Timerman -que era ministro de Relaciones Exteriores desde junio de ese año- se entrevistó con él en Nueva York, sin que conste -salvo en notas privadas que seguramente guardan los funcionarios- el tema de la charla.

Dos meses después, en noviembre, Samore estaba en Buenos Aires y mantuvo otra reunión en el piso 13° de la Cancillería -despacho del dueño de casa- de la que participaron además la entonces embajadora Vilma Martínez y dos asistentes del Departamento de Estado y, del lado argentino, la sherpa en temas atómicos, la exdiputada radical Elsa Kelly (había acompañado a Cristina de Kirchner a la cumbre nuclear de abril de ese año en Washington, que precedió al acuerdo iraní), el diplomático Ricardo Boccalandro y un par de "note-takers".

Cuando terminaba la reunión y ya salían los acompañantes, Samore le pidió una charla a solas a Timerman. Allí le expuso lo que ahora se sabe: que necesitaban saber si la Argentina estaba lista para proveer de uranio enriquecido a Irán en caso de que ese país, por un tratado que se negociaba, moderara su proyecto de enriquecimiento. El canciller escuchó y le dijo que no podía dar una respuesta sin antes consultarlo con la Presidente.

Corrió a Casa de Gobierno y se lo informó a Cristina de Kirchner. Ella dijo que era posible acceder porque la Argentina tenía que apoyar los programas de limitación de la proliferación nuclear, y porque eso podía darle un rol importante al país. "Pero que lo pidan por escrito", condicionó la mandataria. Timerman comunicó esa respuesta, pero esa formalización nunca llegó.


Ese dato pudo disparar la imaginación oficial sobre la silla siete en la mesa de negociación con Irán. Inspiró seguramente la fantasía de los D'Elía y los Esteche, que desplegaron larguísimas conversaciones sobre presuntos compromisos con funcionarios del Gobierno que quedaron registrados en las escuchas que recopiló Nisman, incluyendo agravios e insultos antisemitas hacia Timerman.

¿Supo de esta segunda trama Estados Unidos, atento a todo lo que podría entregarle la inteligencia argentina a través de conexiones como las que denuncia ahora el Gobierno que tenía el mítico Stiuso?
Si fue así, se explica que los estadounidenses nunca volvieran sobre el tema y que eludieran los mensajes que hasta este año le envió Buenos Aires sobre su interés en sentarse a charlar con ellos sobre Irán. Esa música criolla que salía de los teléfonos pinchados por Nisman no era la mejor para acompañar la discusión de la letra del acuerdo con Irán.

En 2012, septiembre 19, el Gobierno dijo haber recibido el pedido iraní de conversar. Era en los días previos a la intervención de la Presidente ese año en la asamblea de la ONU. Timerman, cuando se dirigía esa semana a reunirse con el canciller iraní, se encontró con Samore en un pasillo de la ONU, a quien le contó sobre ese encuentro para avanzar en algo sobre la AMIA. El estadounidense honró su apellido (homónimo de aquel otro, el obispo Antonio Samoré que negociaba islas entre Argentina y Chile en nombre del Vaticano) y le respondió: siempre hay que conversar, eso es bueno.

Fue la última palabra que salió de la boca del misterioso funcionario, que el mes pasado renunció al grupo de halcones UANI (United Against Nuclear Iran, una cueva republicana) que él mismo había creado y presidido, porque entendió que el acuerdo alcanzado por Obama es bueno y hay que defenderlo. A eso se dedica en estas horas haciendo el mismo trabajo que hizo bajo diferentes atuendos.

Balance: ¿valía la pena haber callado todo esto? La revelación reordena toda la trama del acuerdo con Irán y la hace explicable, un servicio al interés público que seguramente le habría convenido al Gobierno brindar antes. Quizás porque entendió, como hacen muchos gobiernos, que proteger la gobernabilidad hacia adentro que le daba la cercanía de los D'Elía y los Esteche, era mejor que contar lo que pasó y asegurarla también hacia afuera lo cual, pasado el tiempo, lo beneficia, aunque tarde.

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