24 de diciembre 2010 - 00:00

“Uritorco”: improvisación poco inspirada

«Uritorco» (Argentina, 2010, habl. en español). Guión y dir.: H. Cirelli. Int.: N. Miró, Mishimoshi, G. Machado, A. Ter Akopov, C. Landini, J.C. Capet, J. Kallus.

No confundir esta película con «Uritorco, en la cumbre sólo te espera el miedo», de Carlos de la Fuente, que es una de terror. La que ahora vemos se llama «Uritorco» solo, y en la cumbre no te espera nadie, aunque los tres amigos (dos de ellos venezolanos) que protagonizan esta historia suban creyendo que han sido invitados a una fiesta de música electrónica.

O se equivocaron de fecha, o de cerro, pero igual unas cuantas pastillas harán surgir todas las lucecitas viajeras de color verde que quieran, y también luces de otros colores, y hasta marcianitos de plástico. Antes surgió una señora queriendo subir la cuesta a toda marcha con su carga de reflexiones sobre la vida al borde de la muerte, y surgieron luego unos tipos con un ceremonial de homenaje al sol y el relato de leyendas propias de la guía turística del lugar (monte sagrado de los comechingones donde sir Percival vino a dejar nada menos que el Santo Grial y la Cruz de los Templarios, centro de una ciudad subterránea donde con espejos se regula el equilibrio del planeta, etcétera).

La cuestión es que después de escuchar a la buena señora, los creyentes, un vendedor de artesanías y otras figuras que allí acampan, y después de ver lucecitas de colores y marcianitos, dos de los amigos llegan hasta la cruz de la punta del cerro, donde la gente deja sus ofrendas. Entre ellas, un celular con crédito y una zapatilla colgando. Y después se encuentran con el tercero, que es un dormido, y se disponen a bajar. Fin.

Aclaremos, el celular no es ofrenda, sino un objeto perdido que alguien encontró, y la zapatilla colgando de la cruz no significa lo mismo que las colgadas de los cables. O sí, nunca se sabe. Tampoco se sabe cuál es la gracia de los protagonistas masculinos, ni del guión «abierto», como llaman algunos a la improvisación poco inspirada.

Puntos a favor, el amarillo de los matorrales a comienzos de otoño, la lejana vista del lago desde lo alto del cerro, la naturalidad con que las mujeres de la película se muestran desnudas, aunque por ahí la intención parece francamente antiestética (y una que parece más apetecible apenas se ve fugazmente y de lejos). Autor, Homero Cirelli, hombre orquesta que escribe, dirige, edita, hace cámara, pone la música electro y también su musa, la siempre bien predispuesta Natalia Miró. Así ha hecho ya varios largos, de los que hasta ahora se destaca el documental «Porno», con su feliz plano detalle de una hormiga voladora posándose justo donde se lo permitía una señorita puesta en cuatro patas al borde de la piscina. Ahí sí que vale lo de guión abierto.

Dato al margen: ubicado a 5 kilómetros de Capilla del Monte, el Uritorco se hizo famoso entre los esotéricos gracias a una hábil campaña de difusión de un supuesto aterrizaje de ovnis que dejaron el pasto quemado. Corría 1986, y pronto se congregaron allí vendedores de revistas raras, piedras energéticas, seminarios de reflexión y cosas similares, se cobró entrada para subir al cerro y un extra para acampar en la cumbre, y al pie se hicieron fiestas de diversas músicas envolventes. La cosa mantiene su fama, pero no tanto poder de convocatoria. Los turistas actuales vuelven al anterior atractivo tradicional de Capilla: el Zapato, al cual pocos pueden trepar, pero está más cerca y es gratis.

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