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“Ustedes tienen que mirarnos más”
Gala de «black tie» en el «ballroom» del castillo de Herrenhausen, sede de la Fundación Volkswagen. Allí Cristina de Kirchner volvió a hablar con empresarios, pero con escenario monárquico.
de manera muy similar que en la Argentina», dijo Cristina a los postres.
Erigido en 1638, el castillo de Herrenhausen se distinguió siempre por la espectacularidad de sus jardines, y sólo en 1819, después de casi dos siglos de construcciones parciales, adquirió su culminación como residencia de verano para la familia Welf. Como casi tantos otros en Alemania, el castillo fue destruido por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, a cuyo término sólo habían quedado en pie una de las alas, la gran cascada y las escaleras exteriores. Los herederos de la familia propietaria, al verlo en tan ruinosas condiciones, decidieron donárselo al municipio de Hannover, que durante años no mostró interés en reconstruirlo, ya que no consideraba que se justificara gastar tanto dinero en ello. La fundación Volkswagen, en cambio, sí lo encontró, y decidió invertir 20 millones de euros para emprender las obras por cuenta propia, conviniendo con Hannover que el castillo sirviera como sede para sus convenciones.
La gala le fue ofrecida a la Presidente y sus ministros por la Lateinamerika Verein, cámara empresaria que reúne a las empresas alemanas con sede en América Latina, y el menú consistió en una ensalada de hierbas silvestres con fundido de tomate y setas del bosque sobre bruschetas tostadas, crema de calabaza con pepitas tostadas en su aceite; muslo de gallineta de Guinea con farsa de bolletas con marinados rollitos de puré de col (una auténtica exquisitez que algún comensal, por culpa de la luz tenue, confundió con pollo con puré al saborearla), y mousse de naranja con lemoncello y gajos de naranja incrustados con frutos exóticos. El vino lo fue menos: los blancos eran Viogner de la bodega Caldén Premium de San Juan, y los tintos Cabernet Sauvignon mendocinos.
De los ministros que la habían acompañado por la tarde, sólo faltó a la gala el de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, y algunos bromearon al atribuirle su ausencia a la falta de smoking. También concurrieron el embajador alemán en la Argentina, Günter Kniess; el embajador argentino en Alemania, Victorio Taccetti; y el intendente de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein, de filiación alemana.
El discurso de cierre de la Presidente no fue muy extenso, y en él volvió a reiterar algunos de los conceptos ya oídos en otros de sus foros alemanes: «Alemania debe comenzar a mirar a América Latina y a la Argentina como una plataforma asociada para poder abordar grandes mercados, porque este siglo va a ser de contrastes, altos niveles tecnológicos y al mismo tiempo necesidad de alimentos», dijo.

