19 de julio 2013 - 14:31

VACA MUERTA: El día en que nació el acuerdo Chevron-YPF

VACA MUERTA: El día en que nació el acuerdo Chevron-YPF
Abril de 2012. La renacionalización de YPF era un hecho desde el 16 de ese mes y, tres días después, Hernán Lorenzino negociaba con Christine Lagarde, siempre dispuesta a decirle "no" a la Argentina en cualquier cuestión que proponga, para frenar el reclamo que venía haciendo el ministro español Miguel de Guindos. "El pelado ése", en términos de Cristina, clamaba para que el FMI hiciera un comunicado que incluyera un "castigo ejemplar" por la eyección de Repsol del dominio de YPF. Lorenzino tuvo éxito y liberó al país, en aquella reunión de primavera boreal, de una venganza española con el aval del organismo.

Sin embargo, las mejores noticias, ahora lo sabemos, se cocinaban a pocos metros de aquella pulseada entre Lorenzino y Lagarde. En el lobby de un hotel cinco estrellas de Washington, lugar del encuentro, Jorge Argüello, por entonces embajador argentino ante los Estados Unidos, recibía a un empresario de unos setenta años. Dedicado al mundo petrolero "desde siempre", según él mismo describió, le dejó una frase que el político-diplomático inmediatamente envió a Buenos Aires. Le pareció que lo que había escuchado podía llevar tranquilidad a la Argentina, en momentos en que la nacionalización de la petrolera tenía apoyo nacional y popular, pero sembraba un mar de dudas. "No se haga problemas; el petróleo no está en Suiza, sino en países con cuestiones difíciles más importantes, graves e insolubles que la Argentina. Y aun así, nosotros hacemos negocios". El visitante le tendió la mano a Argüello y le dijo que tuviera en cuenta a su empresa cuando el proyecto Vaca Muerta avanzara en concreto. Sólo le dijo que para que su compañía participara debía garantizarle algo que ya para esos primeros meses de 2012 era un hecho: los dólares de las ganancias de las compañías que invirtieran en la Argentina eran atrapados fronteras adentro y no podían ser destinados a su país de origen hasta nuevo aviso. "Eso no puede ser", le aclaró el visitante a Argüello. "Si eso ocurre, no habrá inversión. Nosotros tenemos que ganar dinero. Si eso no pasa, estaremos allí". El representante de la petrolera le dejó otra frase tranquilizadora al embajador: "No se preocupe por Repsol; nosotros somos más importantes en el mundo. Nos van a escuchar más a nosotros que a ellos".

Toda la conversación fue transmitida inmediatamente hacia Buenos Aires, donde, según el mismo Argüello se encargó de explicar, mostraron hasta cierto furor.

La persona con la que se encontró el embajador esa tarde soleada de abril en el hotel Mandarin de la capital norteamericana era Alí Moshiri, representante para América Latina y África de Chevron. Fue la persona que siempre impulsó dentro de su empresa el acuerdo firmado el martes pasado en Buenos Aires entre YPF y la petrolera norteamericana fundada en 1863 por John D. Rockefeller. Moshiri fue el que convenció a John Watson, presidente de la compañía, de la conveniencia de ser los pioneros en el proyecto Vaca Muerta. El argumento de Moshiri era siempre: nunca se fueron de Venezuela, ni en los peores momentos renacionalizadores de Hugo Chávez, e insistía en que todo era una cuestión de flexibilidad y negociación permanente; y que en el mediano-largo plazo, los negocios que se podrían realizar en estos Estados latinoamericanos podrían ser de los mejores del mundo. Moshiri sacaba a relucir su amistad con otro gran conocedor del mercado petrolero mundial: el venezolano Alí Rodríguez, con el que el hombre de Chevron compartía seminarios y reuniones desde la década del 70, cuando trabajaba para otro jefe en su país de origen: Irán. A comienzos de esa década, Moshiri era un joven destacado en aceitar las negociaciones petroleras entre los Estados Unidos y el régimen del entonces Sha de Irán, Reza Pahlevi. Días antes de la revolución islamista en el país árabe, Moshiri contaba con información de primer nivel y lograba un exilio temprano en la Norteamérica de Jimmy Carter. Inmediatamente, lo contrató la Texaco, empresa que luego absorbió Chevron, donde hoy trabaja.

@cburgueno

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