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Valioso retorno de Cedrón a sus fuentes

Si algo ha caracterizado a Juan «Tata» Cedrón ha sido su personal modo de poner melodías y de interpretar a muy diversos poetas de Argentina y del resto de América Latina. El tango fue, del mismo modo, el género que cobijó esa idea. Pero, aunque son obvios las alusiones y los enclaves tangueros en su estilo guitarrístico, en el uso instrumental de su conjunto de cabecera -el cuarteto-, en su forma de cantar -muy emparentada con Ángel Vargas-, no fue nunca un ortodoxo. Allí ha estado siempre su virtud: la que la hecho ganar adeptos que lo colocan en el territorio de «los diferentes» y críticos que no han conectado con él y lo ubican fuera del parnaso de la música rioplatense. Por esta historia, rica y muy valiosa, el Cedrón de la orquesta típica o del tango más tradicional con los que coqueteó hace unos años resultó mucho menos interesante.
Por lo contrario, es un placer que el Tata haya vuelto a su mejor versión, en este caso con un ambicioso disco doble. El primero -»Godino», en referencia al Petiso orejudo, mencionado en un texto de Luis Alposta- incluye trece nuevas musicalizaciones sobre González Tuñón, Alposta, Carriego, Urondo, Julio Huasi, Álvarez Morgade y otros, más una arrabalera versión del bolero «Somos» de Mario Clavel. El segundo -»Corazón de piel afuera»- reúne once poemas de Miguel Ángel Bustos, desaparecido por la dictadura en 1976. Con una excelente presentación y un creativo diseño gráfico de doble tapa -responsabilidad de Guillermo Pintos-, este Cuarteto Cedrón, con Miguel Praino en viola, está entre las mejores versiones del grupo.
R.S.


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